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viernes, 20 de junio de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein

Minerva, Dora es la única mujer a la que he amado sin reservas. No sé si puedo explicar por qué. No la quería así cuando me casé con ella, no había tenido oportunidad todavía de enseñarme lo que puede ser el amor. Oh, la quería, pero era el amor que siente un padre cariñoso por un hijo favorito, o algo parecido al amor con el que puedes colmar a una mascota.
Decidí casarme con ella no por amor en el sentido más profundo de la palabra, sino por algo más sencillo, porque esta adorable niña que tantas horas de felicidad me había proporcionado quería algo con todas sus ganas, un hijo mío, y solo había una forma de darle lo que quería y seguir gratificando mi narcisismo. Así que, casi con frialdad, calculé el coste y decidí que el precio era lo bastante bajo y que podía darle lo que quería. No podía costarme mucho, era una efímera. Cincuenta, sesenta, setenta, como mucho ochenta años y estaría muerta. Podía permitirme pasar una cantidad tan nimia de tiempo intentando hacer feliz a mi hija adoptiva durante su lastimosamente corta vida, eso fue lo que calculé. No era mucho y podía permitírmelo. Así que adelante.
El resto fue cuestión de no andarse con medias tintas, hay que hacer lo que sea necesario para llevar a cabo tu propósito principal. Te he contado algunas de las alternativas; quizá no haya mencionado que consideré la posibilidad de recuperar la capitanía del Andy J. durante el tiempo que viviese Dora, hacer que Zaccur Briggs se ocupase de la parte de tierra de la sociedad, o comprarle su parte si eso no le convenía. Pero si bien ochenta y tantos años en una nave espacial a mí me daban igual, para Dora sería toda una vida y quizá no le gustara mucho. Además, una nave no es el sitio ideal para criar hijos. ¿Qué haces cuando crecen? ¿Los dejas en cualquier parte sin conocer nada salvo la rutina de la nave? No funciona.
Decidí que el marido de una efímera tenía que ser un efímero, en todos los sentidos posibles. El corolario de esa decisión nos hizo terminar en Valle Alegría.
Valle Alegría, la más feliz de todas mis vidas. Cuanto más tiempo tenía el privilegio de vivir con Dora, más la amaba. Me enseñó a amar amándome y yo aprendí... con bastante lentitud. No era demasiado buen estudiante, ya tenía mis costumbres bien arraigadas y carecía de su talento natural. Pero aprendí. Aprendí que la felicidad suprema yace en querer mantener a otra persona a salvo, caliente y feliz, y en tener el privilegio de intentarlo.
Y también la mayor tristeza. Cuanto mejor lo aprendía viviendo día a día con Dora, más feliz era... y más me dolía en el fondo cierto conocimiento, saber que esto solo podía durar un tiempo, que pronto terminaría. Y cuando terminó, tardé en casarme de nuevo casi cien años. Luego me casé, porque Dora también me enseñó a enfrentarme con la muerte. Era tan consciente de su propia muerte, de la segura brevedad de su vida, como yo. Pero me enseñó a vivir el ahora, a no dejar que nada manche el hoy... hasta que por fin superé la tristeza de estar condenado a vivir.

martes, 17 de junio de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein

Extractos de los Cuadernos de Lazarus Long

Guarda siempre la cerveza en un lugar oscuro.

Según los datos que tenemos hasta la fecha, solo hay un animal en la galaxia que es peligroso para el hombre: el propio hombre. Así que debe facilitar su propia e indispensable competencia. No tiene enemigo que lo ayude.

Los hombres son más sentimentales que las mujeres. Cosa que les ofusca la capacidad de pensar.

Por supuesto que el juego está amañado. Que eso no te detenga: si no apuestas no puedes ganar.

Cualquier sacerdote o chamán debe ser considerado culpable hasta que se demuestre su inocencia.

Escucha siempre a los expertos. Te dirán lo que no se puede hacer y por qué. Luego hazlo.

Dispara rápido. Eso disgusta al rival el tiempo suficiente para que tu segundo disparo sea perfecto.

No hay ninguna prueba concluyente de que haya vida después de la muerte. Pero tampoco hay ningún tipo de prueba que lo desmienta. Pronto lo sabrás, así que, ¿para qué preocuparse?

Si no puede expresarse en números, no es ciencia: es una opinión.

Ya hace mucho tiempo que se sabe que un caballo puede correr más que otro... ¿pero cuál? Las diferencias son cruciales.

Un adivino falso se puede tolerar. Pero a un auténtico vidente hay que dispararle sin previo aviso. Cassandra no recibió ni la mitad de las patadas que se merecía.

El autoengaño cumple con frecuencia una función. La opinión de una madre sobre la belleza, inteligencia, bondad, etcétera ad nauseam de sus hijos evita que los ahogue nada más nacer.

La mayor parte de los "científicos" son gente que lava botellas y clasifica botones.

"Varón pacifista" es una expresión contradictoria. La mayor parte de los que se describen como "pacifistas" no son pacíficos, solo adoptan unos colores falsos. Cuando cambia el viento izan la bandera pirata.

La lactancia no disminuye la belleza de los pechos de una mujer, realza su encanto haciendo que parezcan acogedores y felices.

Una generación que hace caso omiso de la historia no tiene pasado, ni futuro.

Un poeta que lee sus versos en público quizá tenga otras desagradables costumbres.

Con frecuencia se puede encontrar calderilla debajo de los cojines de los asientos.

La historia no recoge en ningún lugar ni en ningún momento una religión que tenga alguna base racional. La religión es una muleta para las personas que no son lo bastante fuertes para enfrentarse a lo desconocido sin ayuda. Pero, como la caspa, la mayor parte de la gente tiene alguna religión, invierte en ella tiempo y dinero y parece obtener un considerable placer de juguetear con ella.

Es asombroso lo mucho que se parece la "sabiduría de la madurez" a estar cansado.

Si no te gustas a ti mismo, no te pueden gustar otras personas.

Tu enemigo nunca es un villano a sus propios ojos. Ten eso presente, podría ofrecerte un modo de convertirlo en tu amigo. Si no es así, puedes matarlo sin odio... y con rapidez.

Una moción para levantar la sesión es siempre una orden.

Ningún estado tiene el derecho inherente de sobrevivir por medio del reclutamiento de tropas y, a la larga, ningún estado lo ha hecho jamás. Las matronas romanas les decían a sus hijos: "vuelve con tu escudo o encima de él". Más tarde, esta costumbre declinó. Y Roma también.

De todos los extraños "delitos" que los seres humanos han legislado de la nada, la "blasfemia" es el más asombroso, con la "obscenidad" y el "exhibicionismo" en franca pugna por el segundo y tercer lugar.

Ley de Keops: Nada se termina de construir jamás en el tiempo previsto, ni según el presupuesto.

Mejor copular tarde que nunca.

Todas las sociedades se basan en reglas para proteger a las mujeres embarazadas y a los niños pequeños. Todo lo demás es exceso, excrecencia, adorno, lujo o disparate que se puede (y se debe) tirar en una emergencia para preservar la función primordial. Dado que la supervivencia racial es la única moral universal, ningún otro fundamento es posible. Los intentos de formular una "sociedad perfecta" sobre algún otro cimiento que no sea "¡las mujeres y los niños primero!" no es solo una estupidez, sino también un genocidio automático. No obstante, los idealistas sentimentaloides (todos ellos varones) lo han intentado hasta la saciedad, y sin duda lo seguirán intentando.

El dinero es un potente afordisíaco. Pero las flores funcionan casi igual de bien.

Un bruto mata por placer. Un tonto mata por odio.

Solo hay una forma de consolar a una viuda. Pero recuerda los riesgos.

Cuando surge la necesidad, y siempre surge, tienes que ser capaz de matar a tu perro. No se lo encargues a otro, no lo hace más bonito y solo empeora las cosas.

¡Todo en exceso! Para disfrutar de la vida, toma bocados grandes. La moderación es para los monjes.

Quizá sea mejor ser un chacal vivo que un león muerto, pero es todavía mejor ser un león vivo. Y en general es más fácil.

La teología de un hombre es la carcajada de otro.

El sexo debería darse entre amigos. Si no es así, limítate a los juegos mecánicos, es más higiénico.

A lo largo de la historia, la pobreza ha sido siempre el estado normal del hombre. Los avances que permiten que se sobrepase esta norma, en algunos sitios, de vez en cuando, son obra de una minoría extremadamente pequeña, con frecuencia despreciada, muchas veces condenada y casi siempre teniendo en contra a todas las personas bien pensantes. Siempre que le impiden crear a esta diminuta minoría o (como en ocasiones ocurre) la alejan de una sociedad, la gente vuelve a caer en la más vil pobreza.
Eso se conoce con el nombre de "mala suerte".

Los hombres pocas veces (si es que hay alguna) consiguen soñar un dios superior a sí mismos. La mayor parte de los dioses tienen los modales y la moralidad de un niño malcriado.

Nunca apeles al "buen corazón" de un hombre. Quizá no lo tenga. Invocar su interés te proporcionará más influcencia.

Las niñas, como las mariposas, no necesitan excusas.

Puedes tener paz. O puedes tener libertad. Jamás cuentes con tener las dos a la vez.

Evita tomar decisiones irrevocables cuando estés cansado o hambriento. NB: Las circunstancias pueden apretarte las clavijas. ¡Así que planea las cosas!

Coloca la ropa y las armas en donde las puedas encontrar a oscuras.

El elefante: un ratón construido según las especificaciones del gobierno.

En una sociedad madura, "funcionario civil" es semánticamente equivalente a "amo civil".

Cuando un lugar se llena lo suficiente para requerir documentos de identidad, el hundimiento social no está muy lejos. Es el momento de irse a otro sitio. Lo mejor de los viajes espaciales es que han hecho posible irse a otra parte.

Una mujer no es una propiedad, y los maridos que piensan lo contrario viven en un mundo de fantasía.

La segunda mejor cosa de los viajes espaciales es que las distancias que suponen hacen que la guerra sea muy difícil, en general poco práctica y casi siempre innecesaria. Y es probable que eso sea una pérdida para muchas personas, ya que la guerra es la diversión más popular de nuestra raza, algo que le da propósito y color a unas vidas aburridas y estúpidas. Pero es una gran ayuda para el hombre inteligente que lucha solo cuando debe, nunca por deporte.

Un cigoto es la forma que tiene un gameto de producir más gametos. Ese quizá sea el propósito del universo.

Hay contradicciones ocultas en la mente de las personas que "aman la naturaleza" mientras deploran la "artificialidad" con la que "el hombre ha estropeado la naturaleza". La contradicción más obvia se encuentra en la elección de palabras, que implican que el hombre y sus artefactos no forman parte de la "naturaleza" pero los castores y sus presas sí. Pero las contradicciones son más profundas que este absurdo a primera vista. Al declarar su amor por la presa de un castor (erigida por castores y para fines de castores) y su odio por las presas erigidas por el hombre (para fines de los hombres), el "naturista" revela el odio que siente hacia su propia raza, es decir, el odio que siente hacia sí mismo.
En el caso de los "naturistas", es comprensible que se odien: son una panda patética. Pero el odio es una emoción demasiado fuerte para sentirla hacia ellos; lástima y desprecio es lo máximo que se merecen.
En cuanto a mí, quiera o no, soy un hombre, no un castor, y el homo sapiens es la única raza que tengo o puedo tener. Por fortuna para mí, me gusta formar parte de una raza compuesta por hombres y mujeres, a mí me parece un buen arreglo y perfectamente "natural".
Se crea o no, hubo "naturistas" que se opusieron al primer vuelo a la Luna que salió de la vieja Tierra porque era "antinatural" y un "destrozo de la naturaleza".

"Ningún hombre es una isla...". Por mucho que nos sintamos y actuemos como individuos, nuestra raza es un único organismo, no deja de crecer y expandirse y hay que podarlo con regularidad para que esté sano. No hace falta discutir esta necesidad: cualquiera que tenga ojos puede ver que un organismo que crece sin límites siempre termina muriendo por culpa de sus propios venenos. El único interrogante racional es si la poda es mejor hacerla antes o después del nacimiento.
Puesto que soy un sentimental incurable, yo prefiero lo primero, matar me revuelve el estómago, incluso cuando es un caso de: "él está muerto y yo estoy vivo, y así es como quería que fuera".
Pero eso quizá sea una cuestión de gusto. Algunos chamanes piensan que es mejor que te maten en una guerra, o morir de parto, o morirse de hambre en la miseria, que no haber vivido jamás. Quizá tengan razón.
Pero no tiene que gustarme, y no me gusta.

La democracia está basada en el supuesto de que un millón de hombres son más sabios que un solo hombre. ¿Cómo dices que es eso? Yo me he perdido algo.

La autocracia está basada en el supuesto de que un hombre es más sabio que un millón de hombres. Vamos a volver a tocar eso también. ¿Quién decide?

Cualquier gobierno funciona si la autoridad y la responsabilidad son iguales y están coordinadas. Eso no garantiza un "buen" gobierno, solo garantiza que va a funcionar. Pero gobiernos así son escasos, la mayor parte de las personas quiere dirigir las cosas pero no cargar con ninguna culpa. Esto antes se llamaba el "síndrome del pasajero asesor".

¿Cuáles son los hechos? Una vez y otra y otra, ¿cuáles son los hechos? Rehúye las ilusiones, haz caso omiso de las revelaciones divinas, olvídate de lo que "presagian las estrellas", evita las opiniones, que no te preocupe lo que piensan los vecinos, no importa el impredecible "veredicto de la historia": ¿cuáles son los hechos y cuántos decimales llevan? Siempre pilotas hacia un futuro desconocido; los hechos son tu única pista. ¡Infórmate de los hechos!

La estupidez no se puede curar con dinero, ni a través de la educación ni de la legislación. La estupidez no es un pecado, la víctima no puede evitar ser estúpida. Pero la estupidez es el único crimen capital, la condena es la muerte, no hay apelación posible y la ejecución se lleva a cabo de forma automática y sin compasión.

Dios es omnipotente, omnisciente y omnibenevolente. Lo dice aquí mismo, en la etiqueta. Si tienes una mente capaz de creer en estos tres atributos divinos de forma simultánea, tengo una ganga maravillosa para ti. Nada de cheques, por favor. En metálico y en billetes pequeños.

El valor es el complemento del miedo. Un hombre que no tiene miedo no puede ser valiente (y además es tonto).

Los dos mayores logros de la mente humana son los conceptos gemelos de la "lealtad" y la "responsabilidad". Siempre que estos conceptos gemelos se desprestigian, ¡sal de ahí a toda prisa! Es posible que te puedas salvar tú, pero ya es demasiado tarde para salvar a esa sociedad. Está condenada.

Las personas que se arruinan a lo grande jamás se pierden una comida. Es el pobre imbécil al que le falta medio penique el que tiene que apretarse el cinturón.

La verdad de una proposición no tiene nada que ver con su credibilidad. Y viceversa.

Un ser humano debería saber cambiar un pañal, planear una invasión, matar un cerdo, pilotar una nave, diseñar un edificio, escribir un soneto, cuadrar una cuenta, construir un muro, colocar un hueso, consolar a un moribundo, aceptar órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar solo, resolver ecuaciones, analizar un problema nuevo, manejar estiércol, programar un ordenador, cocinar un plato sabroso, luchar con eficacia y morir con gallardía. La especialización es para los insectos.

Cuanto más amas, más puedes amar y con más intensidad amas. Y tampoco existe ningún límite a la cantidad de personas a las que puedes amar. Si una persona tuviera tiempo suficiente, podría amar a toda esa mayoría que es decente y justa.

La masturbación es barata, limpia, práctica y está libre de cualquier posibilidad de pecado. Y no tienes que volver a casa bajo el frío. Pero es muy solitaria.

Cuidado con el altruismo. Se basa en el autoengaño, la raíz de toda maldad.

Si te sientes tentado por algo que parece "altruista", examina tus motivos y arranca de raíz el autoengaño. Luego, si todavía quieres hacerlo, ¡revuélcate en ello!

La noción más ridícula que el homo sapiens ha inventado jamás es que el dios de la creación, creador y gobernante de todos los universos desea la empalagosa adoración de sus criaturas, que las plegarias de estas pueden influír en Él y que se irrita si no recibe sus halagos. Sin embargo esta absurda fantasía, sin una sola prueba que la refuerce, es la que paga todos los gastos de la industria más antigua, más grande y menos productiva de toda la Historia.

La segunda noción más ridícula es que la cópula es en esencia pecaminosa.

Escribir no es por fuerza algo de lo que avergonzarse, pero hazlo en privado y luego lávate las manos.

100$ colocados al siete por ciento de interés compuesto trimestral durante 200 años irán aumentando hasta alcanzar más de 100.000.000$, y para entonces ya no valdrán nada.

Cariño, no le aburras con trivialidades ni cargues sobre él tus errores pasados. La forma más alegre de tratar con un hombre es no decirle jamás lo que no necesita saber.

Querida, una auténtica dama se quita la dignidad con la ropa y se comporta como la mejor de las putas. En otros momentos puede ser tan modesta y digna como su personaje requiera.

Todo el mundo miente sobre el sexo.

Si los hombres fueran los autómatas que los conductistas dicen que son, los psicólogos conductistas no podrían haber inventado esa asombrosa tontería llamada "psicología conductista". Así que se equivocan desde el principio, tan listos y tan equivocados como los químicos del flogisto.

Los chamanes se pasan la vida parloteando sobre los "milagros" que hacen con su aceite de serpientes. Yo prefiero lo auténtico, una mujer embarazada.

Si el universo tiene algún propósito más importante que cubrir a la mujer que amas y hacer un bebé con su más efusiva ayuda, yo nunca he oído hablar de él.

Recordarás el undécimo mandamiento y lo obedecerás en todo momento.

Una piedra de toque para determinar el valor real de un "intelectual": averigua lo que siente por la astrología.

Los impuestos no se recaudan para beneficio de los contribuyentes.

No existe eso del "juego social". O bien estás allí para arrancarle al otro tipo el corazón y comértelo... o eres un primo. Y si no te gustan estas alternativas, no juegues.

Cuando la nave despega todas las cuentas están pagadas. Sin arrepentimientos.

La primera vez que fui instructor de combate era demasiado inexperto para el trabajo, las cosas que les enseñé a esos chavales debieron de provocar la muerte de algunos. La guerra es un asunto demasiado serio para que lo enseñen inexpertos.

Una persona competente y segura de sí misma es incapaz de sentir celos por nada. Los celos son siempre un síntoma de inseguridad neurótica.

El dinero es el más sincero de todos los halagos.
A las mujeres les encanta que las halaguen.
A los hombres también.

Vive y aprende. O no vivirás mucho tiempo.

Siempre que las mujeres han insistido en la igualdad absoluta con los hombres, han terminado de forma invariable con la peor parte. Lo que son y lo que pueden hacer las convierte en algo superior a los hombres, y la táctica más apropiada para ellas es exigir privilegios especiales, todos los que puedan. Nunca deberían conformarse colo con la igualdad. Para las mujeres, la igualdad es un desastre.

La paz es una extensión de la guerra por medios políticos. Tener espacio de sobra es más agradable, y mucho más seguro.

La "magia" de un hombre es la ingeniería de otro. Lo "sobrenatural" es una palabra nula.

La frase "es que debemos (debo) (debes)..." designa algo que no es necesario hacer. "Eso no hace falta ni decirlo" es una bandera roja de advertencia. "Por supuesto" significa que será mejor que lo compruebes tú mismo. Estos sencillos clichés y otros parecidos, cuando se leen de la forma correcta, son señales muy fiables.

No perjudiques a tus hijos haciéndoles la vida más fácil.

Frótale los pies a tu chica.

Si se da la casualidad de que eres un miembro de esa inquieta minoría que sabe hacer un trabajo creativo, jamás fuerces una idea; la abortarás si lo haces. Sé paciente y la traerás al mundo cuando llegue el momento. Aprende a esperar.

Jamás agobies a los jóvenes para tratar sus asuntos privados, sobre todo si se trata de sexo. Cuando crecen, son todo terminaciones nerviosas y les ofende (como es bastante lógico) cualquier invasión de su intimidad. Ah, pues claro que cometerán errores, pero eso es asunto suyo (tú ya has cometido tus propios errores, ¿a que sí?).

Jamás subestimes el poder de la estupidez humana.

sábado, 31 de mayo de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein



Lazarus ganduleaba en su hamaca y se rascaba el pecho.
- Hamadríade -dijo-, esa no es una pregunta sencilla. A los diecisiete años estaba seguro de que me había enamorado. Pero no era más que una mezcla de exceso de hormonas y autoengaño. Pasaron más de mil años antes de que llegara a experimentar el amor de verdad, y me llevó años reconocer mi estado porque había dejado de usar esa palabra.
La "bonita hija" de Ira Weatheral parecía confusa mientras Lazarus volvía a pensar que Ira se había equivocado; Hamadríade no era bonita, era tan asombrosamente hermosa que habría conseguido los precios más altos en una subasta de Fátima, los exigentes traficantes de Iskandria habrían pujado entre sí y subido los precios con la convicción de que era una especulación sólida. Eso si el protector de la fe no se la había reservado para él...
Hamadríade no parecía darse cuenta de que su aspecto era excepcional, pero Ishtar sí. Los primeros diez días que la hija de Ira pasó formando parte de la "familia" de Lazarus (así pensaba en ellos, un termino bastante aceptable ya que Ira, Hamadríade, Ishtar y Galahad eran descendientes suyos y ahora disfrutaban del privilegio de llamarlo "abuelo", siempre que no abusaran de él), Ishtar había mostrado una cierta tendencia infantil a colocarse entre Hamadríade y Lazarus y también entre Hamadríade y Galahad, aun cuando eso requiriera estar en dos sitios al mismo tiempo.
Lazarus había observado divertido este baile de corral y se había preguntado si Ishtar sabía lo que estaba haciendo. Lo más probable es que no, decidió. Su supervisora de rejuvenecimiento era todo responsabilidad sin ningún sentido del humor, y se habría quedado espantada al saber que había vuelto a la adolescencia.
Pero no duró mucho. Era imposible no querer a Hamadríade, porque siempre mantenía una actitud callada y amable pasara lo que pasara. Lazarus se preguntó si era un patrón de conducta desarrollado de forma consciente para protegerse de unas hermanas menos dotadas, o solo su forma de ser natural. No había intentado averiguarlo. Pero ahora Ishtar tendía a sentarse al lado de Hamadríade o incluso a dejarle un sitio entre ella y Galahad; también dejaba que la ayudara a servir las comidas y demás, ayudante de "ama de casa" de facto.
- Si tengo que esperar mil años para entender esa palabra -respondió Hamadríade-, entonces lo más probable es que nunca la entienda. Minerva dice que no se puede definir en galacta, e incluso cuando hablo inglés clásico me doy cuenta de que pienso en galacta, lo que significa que en realidad no comprendo el inglés. Dado que la palabra "amor" aparece con mucha frecuencia en la antigua literatura inglesa, creía que el bloqueo que me impide pensar en inglés es que no entiendo esa palabra.
- Bueno, vamos a cambiar a galacta a ver qué se puede hacer. En primer lugar, muy pocas veces se ha pensado en ingles, no es un idioma apropiado para el pensamiento lógico. En realidad es una lengua emocional que se ha adaptado de maravilla a la tarea de ocultar falacias. Es un idioma que racionaliza las cosas, no un idioma racional. Pero la mayor parte de las personas que hablaban inglés no tenían más idea del significado de la palabra "amor" que tú, aun cuando la usaran todo el tiempo. ¡Minerva! Vamos a darle otra vez a la palabra "amor". ¿Quieres unirte a nosotros? Si es así, cambia a tu modo personal.
- Gracias, Lazarus. Hola Ira-Ishtar-Hamadríade-Galahad -respondió la voz de contralto sin cuerpo-. Estoy y he estado en modo personal; suelo estarlo, ahora que me ha dado permiso para utilizar mi criterio. Tiene buen aspecto, Lazarus, cada día más joven.
- Me siento más joven. Pero querida, cuando entres en modo personal deberías decírnoslo.
- ¡Lo siento, abuelo!
- No te pongas tan humilde. Solo di: "qué hay, aquí estoy", eso es todo. Y si pudieras arreglártelas para mandarnos a mí o a Ira al infierno, aunque solo sea una vez, te vendría bien. Limpia los circuitos.
- Pero no tengo ningún deseo de mandar allí a ninguno de los dos.
- Ese es el problema. Júntate con Dora y ya aprenderás. ¿Has hablado hoy con ella?
- Estoy hablando con Dora en este momento, Lazarus. Estamos jugando al ajedrez de las hadas en cinco dimensiones y me está enseñando canciones que le ha enseñado usted.

[...]

Ishtar esbozó una amplia sonrisa.
- Abuelo, es usted un viejo impostor.
- Eso sospecho desde hace ya mucho tiempo. Esperaba que no se notara. De acuerdo, el tema es el amor. Minerva, Hamita dice que tú le has dicho que no se puede definir en galacta. ¿Tienes algo que añadir a eso?
- Provisionalmente sí, Lazarus. ¿Me permite reservar mi respuesta hasta que hablen los demás?
- Como quieras. Galahad, hablas menos y escuchas más que cualquier otro miembro de la familia. ¿Quieres probar?
- Bueno, señor, no me había dado cuenta de que había algún misterio en el "amor" hasta que oí preguntar a Hamadríade. Pero yo todavía estoy aprendiendo inglés. Por el método naturalista, igual que un niño aprende su idioma materno. Ni gramática, ni sintaxis, ni diccionario, solo escuchar, hablar y leer. Adquirir palabras nuevas por el contexto. Por medio de ese método he adquirido la sensación de que "amor" significa el éxtasis compartido que se puede obtener a través del sexo. ¿Es así?
- Hijo, siento decirte esto, porque si has estado leyendo mucho inglés entiendo cómo has llegado a esa conclusión, pero te equivocas por completo.
Ishtar pareció sorprenderse. Galahad se limitó a quedarse pensativo.
- Entonces debo leer un poco más.
- No te molestes, Galahad. La mayor parte de los escritores que has estado leyendo utilizan mal la palabra, con ese sentido. Demonios, yo mismo me pasé años utilizándola mal; es un ejemplo perfecto de lo resbaladiza que es la lengua inglesa. Pero, sea lo que sea el "amor", no es sexo. No quiero menospreciar el sexo. Si hay algún propósito en la vida más importante que la cooperación de dos personas para hacer un bebé, ni todos los filósofos de la historia han sido capaces de encontrarlo. Y entre bebé y bebé, los entrenamientos mantienen vivo nuestro gusto por la vida y hacen tolerable el hecho de que criar un niño supone un trabajo endemoniado. Pero eso no es amor. El amor es algo que continúa cuando ya no sientes ninguna excitación sexual. Si así lo estipulamos, ¿quién quiere probar? Ira, ¿qué tal tú? Sabes más inglés que los demás, lo hablas casi tan bien como yo.
- Lo hablo mejor que usted, abu; lo hablo con corrección, cosa que usted no hace.
- A mí no me vaciles, muchacho; ya te daré yo a ti corrección. Shakespeare y yo nunca dejamos que la gramática interfiriera a la hora de expresarnos. Es más, una vez me dijo...
- ¡Oh, déjelo ya! Murió tres siglos antes de que usted naciera.
- Conque sí, ¿eh? Una vez abrieron su tumba y la encontraron vacía. Lo cierto es que era medio hermano de la reina Isabel, y se tiñó el pelo para que la verdad no fuera tan obvia. Y también es cierto que lo estaban rodeando, así que dio el cambiazo. Yo he muerto así varias veces. Ira, su testamento dejaba su "segunda mejor cama" a su esposa. Busca quién recibió su mejor cama y empezarás a darte cuenta de lo que pasó en realidad. ¿Quieres intentar definir el "amor"?
- No. Cambiaría las reglas otra vez. Todo lo que ha hecho hasta ahora es dividir el campo de experiencia llamado "amor" en las mismas categorías que utilizó Minerva cuando usted le hizo esa misma pregunta hace unas semanas, es decir, "Eros" y "Ágape". Pero ha evitado utilizar esas palabras técnicas en los subcampos, y por medio de ese sofisma ha intentado excluir el término general de un subcampo y de ese modo afirmar que el término que se debía definir estaba limitado al otro subcampo, y con eso lo ha amañado para poder definir el "amor" como algo exactamente igual a "Ágape". Pero una vez más, sin utilizar esa palabra. No funcionará, Lazarus. Para utilizar su propia metáfora, le he visto guardarse esa carta.
Lazarus sacudió la cabeza con admiración.
- No tienes ni un pelo de tonto, muchacho; hice un buen trabajo cuando te inventé. Un día, cuando tengamos tiempo que perder, vamos a probar con los solipsismos.
- Venga ya, Lazarus. No puede arrollarme como ha arrollado a Galahad. Las subcategorías siguen siendo "Eros" y "Ágape". "Ágape" es escaso; "Eros" es tan común que es casi inevitable que Galahad adquiriera la noción de que "Eros" supone el significado total de la palabra "amor". Pero ahora lo ha confundido de una forma injusta porque el chaval asume, incorrectamente, que usted es na autoridad fiable con respecto al idioma inglés.
Lazarus se echó a reír.
- Ira, muchacho, cuando yo era chaval vendían eso por carretas para cultivar alfalfa. Esas palabras técnicas las inventaron unos expertos de sillón de la misma clase que los teólogos. Lo que los coloca en la misma posición que los manuales de sexo escritos por sacerdotes célibes. Hijo, he evitado esas categorías tan chic porque son inútiles, incorrectas y engañosas. Puede haber sexo sin amor y amor sin sexo, y situaciones tan mezcladas que no hay forma de diferenciar qué es qué. Pero el amor se puede definir, una definición exacta que no recurre a la palabra "sexo" ni a dar cosas por sentadas por exclusión a través del uso de palabras como "Eros" y "Ágape".
- Entonces defínala -dijo Ira-. Prometo no reírme.
- Todavía no. El problema de definir en palabras algo tan básico como el amor es que la definición no la puede entender nadie que no lo haya experimentado. Es como aquel antiguo dilema de explicarle lo que es el arco iris a una persona ciega de nacimiento. Sí, Ishtar, sé que hoy en día le puedes poner ojos clónicos a esa persona, pero el dilema era ineludible en mi juventud. En aquellos tiempos se le podía enseñar a un desgraciado así toda la teoría física del espectro electromagnético, contarle con toda precisión cuáles son las frecuencias que puede captar el ojo humano, definirle los colores en términos de esas frecuencias, explicarle con toda exactitud que los mecanismos de refracción y reflexión producen la imagen de un arco iris, describirle su forma y decirle cómo se distribuyen las frecuencias, contárselo hasta que lo aprendía todo sobre los arcos iris en el sentido científico..., pero seguirías sin poder hacerle sentir esa sensación que te deja sin aliento, lo que la visión de un arco iris le inspira a un hombre. Minerva está mejor que ese hombre porque ella puede ver. Minerva, querida, ¿alguna vez contemplas los arcos iris?
- Siempre que es posible, Lazarus. Siempre que una de mis extensiones sensitivas ve uno. ¡Fascinante!
- Eso es. Minerva puede ver el arco iris, el ciego no puede. La teoría electromagnética es irrelevante frente a la experiencia.
- Lazarus -añadió Minerva-, es posible que yo vea el arco iris mejor que un ser de carne y hueso. Mi alcance visual es de tres octavas, de mil quinientos a doce mil ángstrom.
Lazarus lanzó un silbido.
- Mientras que yo me tengo que apañar con menos de una octava. Dime, niña, ¿ves acordes en esos colores?
- ¡Oh, desde luego!
- Mmm. No intentes explicarme esos otros colores; tendré que seguir siendo medio ciego. Me recuerda a un ciego que conocí en Marte, Ira, cuando dirigí ese, bueno, centro de recreo. Este hombre...
- Abu -lo interrumpió el presidente interino con tono cansado-, no nos trate como si fuéramos niños. Cierto, usted es el hombre más viejo con vida, pero la persona más joven que hay aquí, ese retoño mío que está ahí sentado poniéndole ojitos de cordero degollado, es casi tan mayor como el abu Johnson la última vez que lo vio; Hamadríade va a cumplir ochenta años. Ham, querida mía, ¿cuántos amantes has tenido?
- Por favor, Ira, ¿quién los cuenta?
- ¿Alguna vez has aceptado dinero por ello?
- No es asunto tuyo, padre. ¿O estabas a punto de ofrecerme algo?
- No te pongas insolente, querida; sigo siendo tu padre. Lazarus, ¿cree que puede asustar a Hamadríade hablando con claridad? La prostitución aquí no es un gran negocio; hay demasiadas aficionadas tan dispuestas como ella. No obstante, los pocos burdeles que tenemos en Nueva Roma son miembros de la Cámara de Comercio. Pero usted debería probar una de nuestras mejores casas de vacaciones, digamos, el Elíseo. Después de que esté totalmente rejuvenecido.

[...]

>>Pero todas lo cuidaron por igual y nunca se pelearon por él. No me he desviado de nuestro tema con este farragoso relato sobre Ruidos; seguimos definiendo el amor. ¿Quiere intentarlo alguien ahora?
Galahad dijo:
- Ruidos amaba a todas y cada una de ellas. Eso es lo que ha estado diciendo.
- No, hijo, no amaba a ninguna. Cariño sí, pero las dejó sin mirar atrás.
- Entonces estaba diciendo que eran ellas las que lo amaban a él.
- Correcto. Una vez que comprendáis la diferencia entre lo que sentía él por ellas y lo que ellas sentían por él, ya casi habremos llegado.
- Amor de madre -dijo Ira, y añadió con brusquedad-: Lazarus, ¿está intentando decirnos que el amor de madre es el único amor que existe? ¡Pero hombre, ha perdido la cabeza!
- Es probable, pero no hasta ese punto. He dicho que lo cuidaron como una madre; no he dicho ni una palabra sobre "amor de madre".
- Hmm... ¿Se acostó con todas?
- No me sorprendería, Ira. Nunca intenté averiguarlo. Irrelevante, en cualquier caso.
Hamadríade le dijo a su padre:
- Ira, el amor de madre no puede ser lo que estamos intentando definir; con frecuencia no es más que un sentido de la obligación. A dos de mis mocosos tuve tentaciones de ahogarlos, como quizás hayas supuesto al ver lo pequeños demonios que eran.
- Hija, todos tus retoños eran niños encantadores.
- Oh, por favor. Con un bebé hay que ser madre pase lo que pase, o cuando crece se convierte en un monstruo todavía peor. ¿Qué pensabas de mi hijo Gordon cuando era un bebé?
- Un niño delicioso.
- ¿De verdad? Se lo diré..., si es que alguna vez tengo un varón y lo llamo Gordon. Lo siento, mi querido anciano, no debería haberte tendido esa trampa. Lazarus, Ira es un abuelo perfecto, nunca se olvida de un cumpleaños. Pero siempre he sospechado que es Minerva la que lo mantiene al corriente de esas cosas, y ahora lo sé. ¿No es cierto, Minerva?
Minerva no respondió y Lazarus dijo:
- No trabaja para ti, Hamadríade.
- ¡Pues claro que es Minerva la que me mantiene al corriente de esas cosas! -dijo Ira con aspereza-. Minerva, ¿cuántos nietos tengo?
- Ciento veintisiete, ira, contando el niño que va a nacer la semana que viene.
- ¿Cuántos bisnietos? ¿Y quién va a tener el niño?
- Cuatrocientos tres, señor. Marian, la actual esposa de su hijo Gordon.
- Mantenme al tanto. Ese era el pequeño Gordon en el que estaba pensando, señorita listilla. Gordon, el hijo de Gordon..., esto, con Evelyn Hedrick, creo. Lazarus, le he engañado. Lo cierto es que emigro porque tengo tantos descendientes que me están echando de este globo.
- Padre, ¿vas a irte de verdad? ¿No es solo hablar por hablar?
- Sigue siendo alto secreto hasta después de la reunión de administradores de cada decena, querida. Pero así es. ¿Quieres venirte? Galahad e Ishtar han decidido ir; van a abrir un establecimiento de rejuvenecimiento en la colonia. Tienes entre cinco y diez años para aprender algo útil.
- Abuelo, ¿usted va a ir?
- Improbable hasta la undécima potencia, querida mía. Yo ya he visto muchas colonias.
- Quizá cambie de opinión. -Hamadríade se levantó y miró a Lazarus-. Quiero proponerle, en presencia de tres testigos, de cuatro, Minerva es la mejor testigo posible, un contrato de cohabitación y progenie durante el periodo de tiempo seleccionado por usted.
Ishtar parecía sorprendida, luego borró toda expresión de su rostro; los demás no dijeron nada.
Lazarus respondió.
- Nieta, si no fuera tan viejo y no estuviera tan cansado, te daría una azotaina.
- Lazarus, soy su nieta solo por cortesía; de usted es menos del ocho por ciento de mi linaje total. Menos todavía en términos de genes dominantes, con una probabilidad que va descendiendo de refuerzo desfavorable; se han eliminado los recesivos perniciosos. Le enviaré mi patrón genético para que lo inspeccione.
- No se trata de eso, querida.
- Lazarus, tengo la certeza de que en el pasado se ha casado con sus descendientes. ¿Existe alguna razón para discriminarme a mí? Si me la dice, quizá pueda corregirla. Debo añadir que esta solicitud no depende de si emigra o no. -Y Hamadríade añadió-: O podría ser solo para tener progenie, aunque me sentiría orgullosa y feliz de que me permitiera vivir con usted.
- ¿Pero por qué, Hamadríade?
La joven dudó.
- No sé cómo responder a eso, señor. Había pensado que podría decir que lo amo, pero al parecer no sé lo que significa esa palabra. Así que no tengo ninguna palabra en ninguno de los dos idiomas para describir mi necesidad..., y seguí adelante sin ella.
- Te quiero, querida... -dijo Lazarus con dulzura.
El rostro de Hamadríade se iluminó.
Él continuó:
-... y por esa misma razón debo rechazarte. -Lazarus miró a su alrededor-. Os quiero a todos. Ishtar, Galahad... Incluso a ese feo y hosco padre tuyo, querida, que está ahí sentado con aspecto preocupado. Y ahora sonríe, cariño, porque estoy seguro de que hay un sinfín de jóvenes galanes que están deseando casarse contigo. Sonríe tú también, Ishtar, pero tú no, Ira, se te agrietaría la cara. Ishtar, ¿quién os releva a ti y a Galahad? No, me da igual quién esté programado. ¿Me permitís quedarme solo el resto del día?
La joven dudó.
- Abuelo, ¿me permite mantener personal en la sala de observación?
- Lo harás de todos modos. ¿Pero quieres limitarlos a los cuadrantes e indicadores, o lo que sea que utilicéis? ¿Que no me vigilen ni escuchen? Minerva te lo dirá si me porto mal, de eso estoy seguro.
- No habrá ojos ni oídos sobre usted, señor. -Ishtar se levantó-. Vamos, Galahad. ¿Hamadríade?
- Solo un momento, Ish. Lazarus..., ¿le he ofendido?
- ¿Qué? En absoluto, querida mía.
- Creí que estaba enfadado conmigo por... lo que le he propuesto.
- Oh, tonterías. Hamamita, ese tipo de proposiciones jamás ofende; es el cumplido más grande que un ser humano puede hacerle a otro. Pero sí es cierto que me ha confundido. Ahora sonríe y dame las buenas noches con un beso, luego ven a verme mañana si lo deseas. Venga, chicos, dadme todos las buenas noches con un beso, aquí no se ha enfadado nadie. Ira, quizá podrías quedarte un rato por aquí, si no te importa.
Como niños dóciles así lo hicieron; luego entraron en el ático de Lazarus y cogieron el transporte para bajar. Lazarus dijo:
- ¿Una copa, Ira?
- Solo si usted también toma una.
- Entonces lo dejamos. Ira, ¿se lo has sugerido tú?
- ¿Eh?
- Ya sabes a lo que me refiero. Hamadríade. Primero Ishtar, ahora Hamadríade. Has manipulado todo este asunto desde el momento en que me arrancaste de aquella fonducha donde me estaba muriendo con decencia y sin molestar a nadie. ¿Otra vez has estado intentando meterme en el plan que tengas rondándote por la cabeza, poniéndome unos cuantos culos bonitos delante de la nariz? No va a funcionar, chaval.
El presidente interino respondió en voz baja.
- Podría negarlo... y dejar que por centésima vez me llame mentiroso. Le sugiero que se lo pregunte a Minerva.
- Me pregunto si eso es una garantía. ¡Minerva!
- ¿Si, Lazarus?
- ¿Ha montado Ira esto, con alguna de las chicas?
- No que yo sepa, Lazarus.
- ¿Es eso una evasiva, querida?
- Lazarus, a usted no puedo mentirle.
- Bueno... Creo que podrías si Ira quisiera, pero no tiene sentido indagar en ello. Concédenos un poco de intimidad por unos momentos, querida, solo modo de grabación.
- Sí, Lazarus.
- Ira, ojalá hubieras respondido "si". Porque la única explicación que queda no me gusta. No tengo nada de guapo y mis modales no son de los que me granjean la simpatía de las mujeres, así que, ¿qué nos queda? El hecho de ser el hombre vivo más viejo. Las mujeres se venden por extrañas razones, y no siempre por dinero. Ira, no tengo ningún deseo de ser el semental de unas cuantas chicas monas que no perderían ni un momento de su tiempo conmigo si no fuera por el prestigio que da tener un hijo con, y cito, el Miembro más antiguo, fin de la cita.
Lo miró furioso.
>>¿No?
- Lazarus, está siendo injusto con las dos mujeres. Y también torpe, y eso no es muy habitual en usted.
- ¿Cómo?
- Las he observado. Creo que las dos lo aman, y a mí no intente enredarme hablando sobre lo que significa ese verbo; yo no soy Galahad.
- Pero... ¡Oh, mierda!
- No voy a discutir sobre esa base; la "mierda" es un tema sobre el que usted es la máxima autoridad de la galaxia. Las mujeres no siempre se venden, y sí que se enamoran... Con frecuencia por las razones más extrañas, si es que "razón" es una palabra que se puede aplicar aquí. Cierto que es usted feo, egoísta, egocéntrico, hosco...
- ¡Soy muy consciente de ello!
- ... conmigo. No obstante, a las mujeres no parece importarles mucho el aspecto que tenga un hombre, y usted es sorprendentemente dulce con las mujeres. Lo he notado. Y dice que todas esas pequeñas putitas de Marte amaban al hombre ciego.
- Algunas no eran tan pequeñas. Anna la Grande era más alta que yo, y pesaba más.
- No intente cambiar de tema. ¿Porqué lo amaban? No se moleste en responder: la razón por la que una mujer ama a un hombre, o un hombre ama a una mujer, no se puede racionalizar solo en términos de supervivencia, y la respuesta no tiene sabor, es insatisfactoria. Pero..., Lazarus, cuando haya terminado el proceso de rejuvenecimiento y usted y yo hayamos acabado con nuestra apuesta de Sherezade, da igual cómo, ¿va a volver a marcharse?
Lazarus se lo pensó un poco antes de responder.
- Supongo que sí. Ira, esta cabaña, y el jardín y el arroyo que me has prestado son muy bonitos; las veces que he bajado a la ciudad me he apresurado a volver, encantado de estar en casa. Pero no es más que un lugar de descanso; no me voy a quedar. Cuando los gansos salvajes graznan, yo me voy. -Lazarus se puso triste-. Pero no sé a dónde y no quiero repetir las cosas que ya he hecho. Quizá Minerva me encuentre algo nuevo cuando llegue el momento de marcharse.
Ira se levantó.
- Lazarus, si no fuera tan horrible, suspicaz y tacaño, le daría a las dos mujeres el beneficio de la duda y las dejaría a las dos con un hijo que les recordara a usted. No le costaría demasiado esfuerzo.
- ¡Ni hablar! Yo no abandono a los niños. Ni a las mujeres embarazadas.
- Excusas. Yo adoptaré, en el útero, a cualquier niño que engendre antes de abandonarnos. ¿Hago que Minerva lo coloque en permanente y lo selle?
- ¡Soy muy capaz de mantener a mis propios hijos! Siempre lo he hecho.
- Minerva. Transfiérelo y séllalo.
- Completado, Ira.
- Gracias, mi estupenda Pesadita. ¿Mañana a la misma hora, Lazarus?
- Supongo. Sí. Llama a Hamadríade, ¿quieres?, y pídele que venga también. Dile que te lo pedí yo. No quiero que la niña se sienta herida.
- Claro, abu.

jueves, 29 de mayo de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein

A pesar de lo que le dije al Miembro más antiguo, mi antepasado el abuelo Lazarus, trabajo mucho en el gobierno de Secundus. Pero solo decidiendo las políticas y juzgando el trabajo de otros. Yo no hago el trabajo pesado; eso se lo dejo a los administradores profesionales. Aun así, los problemas de un planeta con más de mil millones de personas pueden mantener a un hombre muy ocupado, sobre todo si su intención es gobernar lo menos posible, porque eso significa que debe mantener los ojos bien abiertos y los oídos afinados por si sus subordinados están gobernando cuando no hace falta. La mitad de mi tiempo se consume en la negativa tarea de quitar de ahí a esos oficiosos funcionarios y ordenar que nunca más sirvan en un cargo público.
Luego suelo abolir sus trabajos y todos los trabajos subordinados a ellos.
Jamás he observado que tal poda produzca daño alguno, salvo que los parásitos cuyos trabajos se eliminan deben encontrar alguna otra forma de evitar la inanición (pueden morirse de hambre cuando quieran, casi mejor que se mueran. Pero no lo hacen).
Lo importante es percibir esos crecimientos malignos y eliminarlos cuando aún son pequeños. Cuanta más habilidad adquiera un presidente interino en esta tarea, más brotes encuentra, lo que lo mantiene más ocupado que nunca. Cualquiera puede ver un incendio forestal, el talento consiste en husmear los primeros indicios de humo.
Eso me deja muy poco tiempo para mi principal trabajo: decidir las políticas. El propósito de mi gobierno no es nunca hacer el bien, sino abstenernos de hacer el mal. Cosa que parece sencilla pero no lo es. Por ejemplo, aunque es obvio que prevenir una revolución armada forma parte de mis principales obligaciones, es decir, mantener el orden, empecé a tener dudas sobre lo acertado de trasladar a líderes revolucionarios en potencia años antes de que el abuelo Lazarus me llamara la atención sobre ello. Pero el síntoma que suscitó mi preocupación fue tan ínfimo que me llevó diez años darme cuenta. Durante esos diez años no se produjo ni un solo atentado contra mi vida.
Para cuando Lazarus Long volvió a Secundus con el propósito de morir, este inquietante síntoma ya había cumplido los veinte años.
No auguraba nada bueno y yo me di cuenta. Una población de más de mil millones de habitantes tan contenta, tan uniforme, tan satisfecha que no aparece ni un solo asesino decidido en dos décadas, está gravemente enferma, por muy sana que parezca. Durante los diez años que pasaron tras notar esta carencia, estuve preocupado cada hora del día que me sobraba y me encontraba preguntándome una y otra vez: ¿qué haría Lazarus Long?
Sabía en líneas generales lo que había hecho él (y por eso decidí emigrar), o bien sacaba a mi gente del planeta o me iba solo si nadie quería seguirme.
(Al releer esto, da la sensación de que quería que me asesinaran por una especie de sentido místico, "el Rey debe morir". ¡En absoluto! En todo momento me rodea una salvaguarda personal sutil y poderosa cuya naturaleza no voy a divulgar. Pero no pasa nada por mencionar tres precauciones negativas: mi aspecto facial es desconocido para el público; de todos modos, casi nunca aparezco en público, y cuando lo hago jamás se anuncia. El trabajo de gobernante es peligroso (o debería serlo), pero no tengo intención de morir por su causa. El "síntoma inquietante" no era que yo estuviera vivo sino que no había asesinos muertos. Nadie parece odiarme lo suficiente para intentarlo. Aterrador. ¿En qué les he fallado?).

domingo, 15 de julio de 2007

Tiempo para amar - Robert A. Heinlein

En el mejor de los casos, la historia es algo difícil de comprender; en el peor, es una colección sin vida de archivos cuestionables. Cobra vida a través de las palabras de los testigos presenciales..., y nosotros no tenemos más que un testigo cuya vida abarca los veintitrés siglos de crisis y la Diáspora. El siguiente ser humano más anciano cuya edad esta oficina ha podido verificar solo tiene algo más de mil años. La teoría de la probabilidad hace que sea posible que, en algún lugar, haya una persona que tenga la mitad de esa edad, pero es tanto matemática como históricamente seguro que no hay ningún otro ser humano vivo hoy en día que haya nacido en el siglo XX*.
Algunos podrían cuestionar que este "Miembro de más antigüedad" sea el miembro de las familias Howard nacido en 1912, y también el "Lazarus Long" que guió a las familias en su huída del Viejo Hogar en 2136, etc., señalando que todos los antiguos métodos de identificación (huellas dactilares, reconocimiento de la retina, etc.) se pueden ahora rebatir. Cierto, pero estos métodos eran los más adecuados en su época, y la fundación de las familias Howard tenía razones muy concretas para utilizarlos con cuidado; el "Woodrow Wilson Smith" cuyo nacimiento se registró en la fundación en 1912 es desde luego el "Lazarus Long" de 2136 y 2210. Antes de que estas pruebas dejaran de ser fiables, se complementaron con pruebas modernas e imbatibles basadas primero en transplantes clónicos y, en fechas más recientes, en una identificación absoluta de los patrones genéticos. (Es interesante observar que apareció un impostor hace unos tres siglos, aquí en Secundus, y que se le proporcionó un nuevo corazón procedente de un pseudocuerpo clonado del Miembro más antiguo. El transplante lo mató). El Miembro más antiguo cuyas palabras se citan aquí tiene un patrón genético idéntico al de ese trocito de tejido muscular que le extrajo a "Lazarus Long" el doctor Gordon Hardy en la nave espacial Nuevas Fronteras alrededor de 2145, y que luego cultivó para realizar investigaciones sobre la longevidad. QED.
¿Pero qué clase de hombre es? Debe juzgarlo usted mismo. Al condensar estas memorias y reducirlas a una extensión más manejable, he omitido muchos incidentes históricos verificables (la materia prima está disponible en los archivos para los estudiosos), pero he dejado mentiras e historias poco probables porque parto de la base de que las mentiras que cuenta un hombre dicen más verdades sobre él (cuando se analizan) que la "verdad".
Está claro que este hombre es, según los valores morales habituales en las sociedades civilizadas, un bárbaro y un pícaro.
Pero no son los hijos los que deben juzgar a sus padres. Las cualidades que lo convierten en lo que es son, precisamente, las que se necesitan para sobrevivir en una selva... o en una frontera salvaje. No olviden la deuda que tienen todos con él, tanto genética como histórica.
Para comprender la deuda histórica es necesario revisar un poco de historia antigua, parte tradición o mito, parte hechos tan comprobados como el asesinato de Julio César. La fundación de las familias Howard se estableció con el testamento de Ira Howard, que murió en 1873. Ese testamento ordenaba a los administradores de la fundación que utilizaran su dinero para "prolongar la vida humana". Esto es un hecho.
La tradición dice que redactó este testamento enfadado con su propio destino, pues se encontró con que moría de "senectud" a los cuarenta y tantos años; muerto a los cuarenta y ocho años, soltero y sin progenie. Así que ninguno de nosotros lleva sus genes; su inmortalidad reside solo en un nombre y en una idea: que la muerte se podía evitar.
En aquel tiempo, morirse a los cuarenta y ocho años no era inusual. Se lo crean o no, en aquellos tiempos la esperanza media de vida era ¡de unos treinta y cinco años! Pero no de senilidad. Las enfermedades, el hambre, los accidentes, los asesinatos, las guerras, los partos y otros tipos de violencia acababan con los seres humanos mucho antes de llegar a la vejez. Pero un ser humano que superara todos estos obstáculos todavía podía esperar la muerte de senectud entre los setenta y cinco y los cien años, más o menos. Muy pocos llegaban a los cien; sin embargo, cada grupo de población tenía su diminuta minoría de "centenarios". Hay una leyenda sobre el "viejo Tom Parr", que se supone que murió en 1635 a los ciento cincuenta y dos años. Sea cierta o no esta leyenda, que algunos individuos deben de haber vivido un siglo y medio. Pero lo cierto es que eran muy pocos.
La fundación empezó su trabajo como un experimento de cría pre-científico, pues nada se sabía entonces de genética. A los adultos con antecedentes longevos se les animaba a copular con otros como ellos; el incentivo era el dinero.
Como era de esperar, el incentivo funcionó. Y como era también de esperar, este experimento también funcionó, era el método científico que utilizaron durante siglos los ganaderos antes de que naciera la ciencia de la genética: la cría como medio de reforzar una característica, y luego la eliminación de los más débiles.
Los archivos de las familias no muestran cómo se eliminó a los primeros débiles; se limitan a mostrar que se eliminó a algunos miembros de las familias (raíz y ramas, a todos los descendientes) por el imperdonable pecado de morir de senectud a una edad demasiado temprana.
Cuando se produjo la crisis de 2136, todos los miembros de las familias Howard tenían una esperanza de vida de más de ciento cincuenta años, y algunos habían superado esa edad. La causa de esa crisis parece increíble, sin embargo todos los documentos tanto internos como externos a las familias, están de acuerdo. Las familias Howard corrían un peligro extremo provocado por el resto de los seres humanos, simplemente porque vivían "mucho tiempo". La razón de que eso fuera así hay que buscarla entre los psicólogos de masas, no en un documentalista. Pero es la verdad.
Los detuvieron y los concentraron en un campo de prisioneros, y estuvieron a punto de torturarlos hasta la muerte en un intento de arrancarles el "secreto" de la "eterna juventud". Hecho, no mito.
Y aquí entra en la historia el Miembro más antiguo. Gracias a su audacia, un talento especial para mentir de forma convincente y lo que a la mayor parte de la gente le parecería un placer infantil en la búsqueda de la aventura por la aventura y la intriga, el Miembro más antiguo logró llevar a cabo la evasión más grande de todos los tiempos. Robó una primitiva nave espacial y escapó del sistema solar con todas las familias Howard (que entonces estaban formadas por unos 100.000 hombres, mujeres y niños).
Si les parece imposible (tantas personas y una sola nave), recuerden que las primeras naves espaciales eran muchísimo más grandes que las que ahora utilizamos. Eran planetoides artificiales autosuficientes que pretendían permanecer muchos años en el espacio con velocidades inferiores a la de la luz; tenían que ser enormes.
El Miembro más antiguo no es el único héroe de ese éxodo. Pero en todos los relatos, diferentes y en ocasiones contradictorios, que nos han llegado, él siempre fue la fuerza motora. Fue nuestro Moisés, el que sacó a su pueblo de la esclavitud.
Los volvió a traer a casa tres cuartos de siglo más garde (2210), pero no para esclavizarlos. Pues esa fecha, el Año uno del calendario galáctico estándar, señala el comienzo de la Gran diáspora..., provocada por una presión demográfica extrema en el Viejo Hogar Terra y hecha posible gracias a dos nuevos factores: el para-motor Libby-Sheffield, como se conoció entonces (no era un "motor" en el verdadero sentido de la palabra, sino un medio de manipular los espacios dimensionales-n), y la primer técnica (y la más sencilla) para alagar la vida de forma efectiva: sangre nueva cultivada in vitro.
Las familias Howard provocaron todo ello solo con escapar. Los humanos efímeros que se quedaron en Terra, todavía convencidos de que las familias longevas poseían un "secreto", se pusieron a intentar averiguarlo por medio de una amplia y sistemática investigación dio resultado por pura casualidad: no ese "secreto" que en realidad no existía, sino algo que era casi igual de bueno: una terapia, y con el tiempo un haz de terapias para posponer la senectud y aumentar el vigor, la virilidad y la fertilidad.
La Gran Diáspora fue entonces tan necesaria como posible.
El gran talento del Miembro más antiguo (aparte de su habilidad para mentir de forma improvisada y convincente) parece haber sido siempre un extraño don que le permitía extrapolar las posibilidades de cualquier situación y luego retorcerlas para que se adaptaran a sus propósitos. (Él lo dice así: "tienes que tener una intuición especial para saber lo que hace saltar a la rana". Los psicometristas que lo han estudiado dicen que tiene un gran talento paranormal expresado en forma de "percepciones" y "suerte", pero lo que el Miembro más antiguo tiene que decir sobre ellos es bastante menos cortés. Como documentalista, me abstengo de dar mi opinión).
El Miembro más antiguo vio de inmediato que esta bendición en forma de juventud prolongada, aunque se prometía a todos, quedaría de hecho limitada a los poderosos y sus nepotismos. A los miles de millones de ilotas no se les podía permitir superar su esperanza de vida normal; no había sitio para ellos a menos que emigraran a las estrellas, en cuyo caso habría sitio para que cada ser humano viviera tanto tiempo como pudiera soportar. Cómo explotó esto el Miembro más antiguo no siempre queda claro; al parecer utilizó varios nombres y muchos frentes. Sus corporaciones clave terminaron en manos de la fundación, luego se liquidaron para trasladar la fundación y a las familias Howard a Secundus, a petición suya; nuestro ancestro ya había reservado "las mejores propiedades" para sus parientes y descendientes. Un sesenta y ocho por ciento de los que entonces vivían aceptó el reto de las nuevas fronteras.
La deuda genética que tenemos con él es tanto indirecta como directa. La deuda indirecta reside en el hecho de que la emigración es un mecanismo de clasificación, una selección darwiniana forzada mediante la cual las razas superiores se van a las estrellas mientras que las inferiores se quedan en casa y mueren. Lo cual es cierto incluso en el caso de los transportados por la fuerza (como ocurrió en los siglos XIV y XV), salvo que en este caso la clasificación tiene lugar en el nuevo planeta. En una frontera salvaje, los débiles y los inadaptados mueren; los fuertes sobreviven. Incluso aquellos que emigran de forma voluntaria deben superar esta segunda y drástica selección especial. Las familias Howard han sido sometidas a este tipo de matanzas selectivas al menos tres veces.
La "deuda" genética que tenemos con el Miembro más antiguo es incluso más fácil de demostrar. Una parte solo necesita unas sencillas reglas aritméticas. Si vive usted en cualquier lugar que no sea el Viejo Hogar Tierra, y casi con toda seguridad es así si está leyendo esto, a la vista del miserable estado en el que se encuentran en la actualidad "las bellas colinas verdes de la Tierra", y puede contar entre sus ancestros aunque solo sea con un miembro de las familias Howard (y la mayor parte de ustedes pueden), entonces con casi toda probabilidad usted desciende del Miembro más antiguo.
Según las genealogías oficiales de las familias, esta probabilidad es de un ochenta y siete coma tres por ciento. Usted desciende también de muchos otros miembros del siglo XX de las familias Howard si desciende de cualquiera de ellos, pero aquí solo hablo de Woodrow Wilson Smith, el Miembro más antiguo. En el momento en que se produjo la crisis de 2136 casi una décima parte de la generación más joven de las familias Howard descendía del Miembro más antiguo "de forma legítima", y con eso me refiero a que cada nacimiento vinculado se recogía en los archivos de la famlia y la ascendencia se confirmaba por medio de las pruebas de las que disponían en ese momento. (Ni siquiera se conocía la clasificación de los tipos de sangre cuando comenzó el experimento de cría, pero el proceso de selección letal hizo que lo más conveniente para la mujer fuera que no se descarriara, al menos fuera de las familias).
A estas alturas, la probabilidad cumulativa es, como he dicho, del ochenta y siete coma tres por ciento si tiene algún ancestro Howard, pero si tiene un ancestro Howard de una generación más reciente, sus probabilidades aumentan hasta un cien por cien real.
Pero, como estadístico, tengo razones para creer (respaldado por análisis informáticos de tipos de sangre, tipos de cabello, color de ojos, recuento de dientes, tipos de encimas y otras características que responden al análisis genético), muchas razones para creer que el Miembro más antiguo tiene muchos descendientes no documentados en las genealogías, tanto dentro como fuera de las familias Howard.
Por decirlo con suavidad, es un viejo sinvergüenza cuya semilla está esparcida por toda esta parte de nuestra galaxia.
Tomemos los años del Éxodo, después de que robara el Nuevas Fronteras. No se casó ni una vez durante todos esos años, y los archivos de la nave y las leyendas basadas en memorias de aquella época sugieren que era, según un antiguo modismo, "uno de esos que odian a las mujeres", un misógino.
Quizá. Los archivos bioestadísticos (más que las genealogías), cuando se analizan, sugieren que no era del todo inasequible. El ordenador que lo analizó incluso me apostó dinero a que había más de cien retoños engendrados por él durante esos años (rechacé la apuesta; ese ordenador me gana al ajedrez, aunque yo disponga de una torre de ventaja).
No lo encuentro sorprendente en vista del énfasis casi patológico que se ponía en la longevidad entre las familias de esa época. El varón más viejo, si seguía siendo viril (y él desde luego lo era), se habría visto sometido a tentaciones sin fin, oportunidades interminables por parte de mujeres ansiosas por tener retoños con su misma y demostrada superioridad; "superioridad" según el único criterio que respetaban las familias Howard. Podemos suponer que el estado civil no importaría mucho; todos los matrimonios de las familias Howard eran matrimonioes de conveniencia (el testamento de Ira Howard se aseguraba de eso), y pocas veces duraban toda la vida. El único aspecto sorprendente es que fueran tan pocas las mujeres fértiles que consiguieron hacerlo caer, cuando no cabe duda de que había muchas miles dispuestas a intentarlo. Pero él siempre se levantó de un salto.
Sea como sea; si hoy en día ve a un hombre con el cabello rojizo, la nariz grende, la sonrisa fácil y encantadora y una expresión ligeramente salvaje en los ojos gris verdosos, siempre me pregunto si el Miembro más antiguo ha pasado hace poco por esa parte de la galaxia. Si ese extraño se me acerca, me llevo la mano a la cartera. Si me habla, me hago el propósito de no hacer apuestas ni promesas.
¿Pero cómo es que el Miembro más antiguo, que solo era un miembro de tercera generación del experimento de cría de Ira Howard, consiguió sobrevivir y permanecer joven durante sus primeros trescientos años de vida sin un proceso de rejuvenecimiento artificial?
Una mutación, claro está, lo que sencillamente viene a decir que no lo sabemos. Pero a lo largo de los varios procesos de rejuvenecimiento a los que se ha sometido, hemos aprendido un poco sobre su estructura física. Tiene un corazón de un tamaño excepcional que late muy lento. Solo tiene veintiocho dientes y ninguan caries, y parece ser inmune a las infecciones. Jamás se ha sometido a ninguna operación quirúrgica, salvo para curar heridas o para someterse a los procesos de rejuvenecimiento. Sus reflejos son muy rápidos, hasta un punto extremo, pero siempre parecen una reacción razonada, así que se puede cuestionar la corrección del término "reflejo". Sus ojos jamás han necesitado ninguna corrección, ya sea de lejos o de cerca; su alcance auditivo es anormalmente alto, anormalmente profundo y extraordinariamente fino en todo su alcance. Su percepción de colores incluye el índigo. Nació sin prepucio, sin apéndice vermiforme... y al parecer sin conciencia.
Me alegro de que sea mi ancestro.
Justin Foote el 45º
Archivista jefe, fundación Howard.


* Cuando las familias Howard se apoderaron de la nave espacial Nuevas Fronteras solo había unos cuantos que tuvieran más de 125 años, y todos ellos (salvo el Miembro más antiguo) están muertos, en momentos y lugares recogidos por los archivos (excluyo el extraño y es posible que mítico caso de la vida en muerte de la anciana Mary Sperling). A pesar de la ventaja genética y del acceso a las terapias para prolongar la vida conocidas por todo el mundo con el nombre de "la opción de la inmortalidad", el último murió en el año 3003 del calendario gregoriano. Según los archivos, parecería que la mayor parte murió tras rechazar nuevos tratamientos de rejuvenecimiento, y esa sigue siendo la segunda causa más habitual de muerte hoy en día.

miércoles, 30 de noviembre de 2005

El Número de la Bestia - Robert A. Heinlein

- No tenemos tiempo para perder ni en gigantes ni en liliputienses. Ninguno de ellos dispondrá de tocologos capaces de cuidar de vosotras dos. "Liosa", prepárate para llevarnos a cien mil unidades. Luego para una rotación. ¿Tiene alguien alguna teoría acerca de lo que nos está pasando? ¿Además de la sospecha de "Liosa" de que estamos muertos y no lo sabemos?
- Tengo otra teoría, Zebbie.
- Adelante, "Liosa".
- No te rías..., porque fuiste tú quien me dijo que tú y Jacob discutisteis acerca de ello, la idea de que el pensamiento humano existe como cuantos. No sé distinguir los cuantos de la líneas aéreas Qantas, pero sé que un cuanto es una unidad indivisible. Me dijiste que tú y Jacob discutísteis la posibilidad de que la imaginación tuviera su propio tipo de unidades indivisibles de cuantos... Tú las llamaste "fictones"... ¿O eran fictas? De todos modos, la idea era que cualquier historia alguna vez contada..., o que será contada algún día, si esto significa alguna diferencia..., existe en algún lugar en el Número de la Bestia.
- ¡Pero Hilda, mi amor, eso era tan sólo una especulación abstracta!
- Jacob, tus colegas consideran este coche como una "especulación abstracta". ¿Vas a decirme que el cuerpo humano es tan sólo un conjunto de ecuaciones complejas de formas ondulantes? Por eso te mordí... No me importa ser una forma ondulante, las ondulaciones son hermosas; te mordí por utilizar el adverbio "tan sólo".
- Zebadiah, hay una ciudad a la izquierda. ¿Vale la pena echarle una mirada antes de irnos?
- Capitana, tú debes decidir eso. Viste el pánico que causamos en ese barco. Imagínate a ti misma con catorce centímetros de algura y viviendo en esa ciudad. De repente aparece un gran monstruo aéreo y planea hacia ti. ¿Qué ocurrirá? ¿Cuántas pequeñas personitas se desmayarán? ¿Cuántas morirán de un ataque al corazón? ¿A cuántas estás dispuesta a matar para satisfacer tu curiosidad? Para esa gente nosotros somos monstruos peores que las sabandijas.
- ¡Oh, querido! ¡Tienes razón, Zebadiah..., desgraciadamente! Vámonos de aquí.
- Copiloto, prepara tránsito vertical hasta cien mil unidades de altura.
- Transición, eje 'H', positiva, palanca punto cinco... ¡Preparada!
- Ejecuta. -Proseguí-: Capitana, me gustaría permanecer aquí por un rato.
- Muy bien, Zebadiah.
- "Liosa", déjanos oír tu teoría. Capitana, estoy asustado por demasiadas escapadas por los pelos. Sabemos cómo trasladarnos de un análogo de la Tierra al siguiente; lo único que necesitamos es disponer de mucho espacio. Pero estas rotaciones hacen que se me ponga el pelo blanco. Las leyes del azar están a punto de atraparnos.
- Zebbie, no creo que las leyes del azar tengan nada que ver con esto. No creo que hayamos corrido ningún peligro en ninguna rotación.
- ¿De veras? "Liosa", voy a cambiar tareas contigo tan pronto como obtenga el permiso de la capitana.
- ¡No, no! Yo...
- ¡Gallina!
- Zebbie, tus corazonadas son una de las razones por las que digo que las leyes del azar no tienen significancia aquí.
- "Liosa", las leyes estadísticas son las más firmemente establecidas de todas las leyes naturales.
- ¿Se aplican en el País de Oz? -Preguntó Deety.
- Esto... Maldita sea si lo sé. Touché!
- Zeb, Hilda no se ha expresado como quería; sin embargo, estoy de acuerdo con ella. Llamar a las ecuaciones utilizadas en estadística "leyes de la naturaleza" es una incorrección. Esas ecuaciones miden el grado de nuestra ignorancia. Cuando lanzo al aire una moneda y digo que las posibilidades de que salga cara o cruz son de un cincuenta por ciento, estoy símplemente declarando mi ignorancia total del resultado. Si yo supiera todas las condiciones, el resultado podría estar sujeto a un cálculo por anticipado. Pero hemos experimentado dos universos que poseen leyes físicas completamente distintas a las de nuestro universo natal.
- Tres, Jacob. Liliput hace el número tres.
- No te sigo, querida.
- La ley del cubo al cuadrado que pasa por toda la biología no se aplica aquí. Un cerebro humano no puede ser colocado en un espacio del tamaño de un dedal bajo nuestras leyes biofísicas. Pero estamos alejándonos de la toría que Zebbie deseaba que explicara. ¿Sigo?
- Sí -ordenó Deety-. Todo el mundo callado menos tía Hilda. Yo echo la cremallera a mis propios labios. Montañesa..., prosigue.
- De acuerdo. No es por casualidad que esos tres sean universos: Dentro-Fuera, el País de Oz, y Liliput, en... menos de veinticuatro horas, ¿no es así, Deety?
- Menos de veintiuna, tía Hilda.
- Gracias, amor. No es por casualidad que esos tres sean universos "de ficción"... Tengo que llamarlos así a flata de una palabra mejor... Y de nuevo no tengo otra palabra mejor que "casualidad"..., que nosostros cuatro seamos aficionados a las historias fantásticas. Fantasía. Cuentos de hadas. A todos nos gusta el mismo tipo de relatos. ¿A cuántos de nosotros nos gustan las historias de detectives?
- Algunas..., no todas -dijo Deety.
- Mi única lealtad se centra en Sherlock Holmes -dije yo.
- Una pérdida de tiempo -dijo Jake.
- Me gustaría intentar un experimento -prosiguió Hilda-. Poned por escrito las doce historias que más os hayan gustado. O grupos de historias relacionadas entre sí: los libros de Oz podrían contar como una, al igual que la serie de Marte de Edgar Rice Burroughs, y también los cuatro viajes de los Viajes de Gulliver. Historias que leeríais de nuevo por el simple placer de hacerlo cuando os sintierais demasiado cansados para iniciar un nuevo libro.
- "Liosa", ¿es hacer trampa preguntarte qué piensas hacer con eso?
- No, Zebbie. Si mi teoría es cierta, la próxima vez que efectuemos una rotación y nos descubramos cerca de un planeta, resultará ser el escenario de una historia o grupo de historias que aprezca en las cuatro listas. Llegaremos lo suficientemente altos como para que Jacob tenga todo el tiempo necesario par hacerse con el control y nivelarse, pero lo suficientemente cerca como para que podamos aterrizar. Pero nunca rotaremos al interior de una masa o lo bastante cerca de un peligro que no podamos dominar. Esto no es casualidad; no hemos estado enfrentándonos al azar. El País de Oz me sorprendió. Liliput no me sorprendió en absoluto; lo esperaba. O al menos esperaba un lugar que todos nosotros conocíamos ya a través de las historias.
- ¿Y qué hay de esos universos vacíos? -pregunté.
- Quizá sean lugares referidos a historias que aún deben ser escritas, o quizá historias que ya han sido contadas pero que no son favoritas de los cuatro, de modo que no emergimos cerca de sus escenarios. Pero eso son suposiciones. En lo que a mi teoría se refiere, tales universos son "nulos"..., no cuentan, ni de una forma ni de otra. Nosotros hallamos nuestros universos.
- "Liosa", acabas de inventar el solipsismo panteísta multipersonal. No creo que sea matemáticamente posible.
- Gracias, Jacob. Zebbie, "solipsismo" es una palabra evasiva. Estoy diciendo que hemos tropezado accidentalmente con "La puerta en la pared", esa puerta oculta que conduce al Pais de los Deseos del Corazón. No sé cómo, y no me siento inclinada a fantasiosas racionalizaciones. Veo el esquema, no pretendo explicarlo. Símplemente está ahí.
- ¿Cómo encaja ese mundo hueco en tu teoría?
- Bueno, Deety lo llamó Pellucidar...
- ¡Lo era!
- ... pero yo he leído docenas de historias acerca de mundos bajo tierra; apostaría a que todos nosotros las hemos leído. Julio Verne, S. Fowler Wright, H. G. Wells, C. L. Moore, Lovecraft... todos los grandes maestros de la fantasía han abordado el tema. Por favor, ¿podemos dejar de hablar? Me gustaría tener vuestras cuatro listas antes de que efectuemos la siguiente rotación.
Jake cambió la orientación, de tal modo que el planeta Liliput estaba ahora directamente frente a nosotros, y dijo a Gay que se mantuviera así. El planeta parecía muy pequeño, como si se hallara a un millón de kilómetros de distancia..., cosa muy razonable, decidí, y escribí: La serie de los Dorsai.
Finalmente, Deety anunció:
- He terminado, tía montañesa.
Poco después, su padre tendió a "Liosa" su lista.
-No cuentes eso que luego he tachado, querida... He tenido problemas en atenerme a la cifra.
- Veinte es una cantidad arbitraria, Jacob. Puedes dejar los demás.
- No, querida, los cuatro que he eliminado no importan tanto para mí como los veinte que he dejado.
Después de mordisquear un poco la punta de mi lápiz, anuncié:
- <>, me he encallado en los diecisiete. Tengo una docena más horneándose en mi mente, pero me cuesta elegir.
- Diecisiete servirán, Zebbie..., si son tus favoritas.
- Lo son.
Hilda aceptó mi lista, le echó una ojeada.
- Un psicoanalista se lo pasaría bomba con eso.
- ¡Hey, espera un poco! "Liosa", si vas a dejar que un arreglacocos vea esas listas, quiero queme devuelvas la mía.
- Zebbie querido, a tí nunca te haría eso. -Añadió-: Necesito algunos minutos para unir esto.
Miré a Liliput.
- No. He puesto un "uno" tras las relacionadas en mi lista. He comprobado la lista de Deety con la mía y señalado con un "dos" aquellas en las que hemos coincidido, y he añadido las otras a continuación de mi lista, con un voto inscrito tras cada una de ellas, las que ella ha elegido pero yo no. Ahora esoty haciendo lo mismo con la lista de Jacob, poniendo treses y doses y unos. Luego haré lo mismo con la lista de Zebbie, y como resultado tendremos una lista con cuatro votos, unanimidad, y una lista con tres, y otra con dos, y finalmente otra con uno.
<> se ajetreó durante unos minutos, luego tomó una hoja en blanco, hizo una lista, la dobló.
- Esta lista debería ser metida en un sobre, y este sobre cerrado luego para establecer mi reputación como adivina. Zebbie, aquí hay listados nuevos universos llamados de ficción. Cualquier aproximación que efectuemos por rotación debería parecerse a uno de ellos.
- ¿Incluyes Pellucidar? -pregunté.
- Pellucidar obtuvo sólo dos votos. Insisto en mi teoría de que el mundo dentro-fuera es un compuesto de fantasías subterráneas. Pero nuestro voto identificó ese tercer universo..., las luces cegadoras, el que tanto te procupó con las radiaciones.
- ¡El infierno quieres decir!
- Creo que lo era. Cuatro votos para el Anochecer del doctor Isaac Asimov. Esperaba que su serie de la Fundación se llevara la palma, pero ha obtenido tan sólo tres votos. Una lástima, porque su planeta biblioteca hubiera podido ser capaz de decirnos dónde están esas sabandijas, de dónde vienen..., y cómo golpearles.
- Es culpa mía, tía montañesa. Pa me dijo que debía leer la serie de la Fundación..., pero yo nunca lo hice.
- "Liosa" -dije-, podemos depositarte en Nueva York en cinco minutos. El buen doctor lleva años allí... Ahora escribe menos de un millón de palabras al año, pero aún le siguen gustando las chicas guapas. Debe saberlo todo acerca de la biblioteca galáctica; él la inventó. Así que telefoneémosle. Mejor aún, siéntate en sus rodillas. Llora si es necesario.
- Zebbie, si hay algún lugar que esté segura que está infestado de "tipos de negro", ¡ése es la ciudad de Nueva York! ¡Si quieres, tú siéntate en sus rodillas!
- Yo no. Si supiéramos cómo despiojar a nuestro planeta natal, buscaría la forma de difundir la noticia por todo el mundo. Pero soy el número uno en su lista de ejecuciones.
- No, Jacob es el número uno.
- No, "Liosa". Jake y Deety están muertos, tú has sido secuestrada, y yo estoy señalado como "a exterminar a la primera ocasión que se presente". Pero me arriesgaré a posarme en el río Hudson en aterrizaje vertical el tiempo suficiente para que tú visites al buen doctor. Tu esposo puede escoltarte; yo me quedaré escondido en el cuarto de baño. Imaginaré que estoy realmente en Oz y por lo tanto seguro.
- ¡Vete a poner un huevo!
- "Liosa" querida, ninguno de nosotros irá a Tierra-cero. Dale esa lista a Deety; no va a mirar. Capitana, ¿rotamos? El oficial científico me ha medio convencido de que debemos seguir adelante con eso; hagámoslo antes de que pierda mis nervios. Cuarto y último universo del segundo grupo, ¿no? -pregunté a "Liosa".
- Sí, Zebbie.
- ¡Cualquiera que sea tan gallina como yo, que lo diga! ¡Si no hay nadie que quiera salirse de esto, entonces... Ejecuta!