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lunes, 25 de mayo de 2009

Día de la Toalla

Hoy se celebra el Día de la Toalla. También se celebra el día del orgullo friki (Bueno, lo celebran algunos, yo no. Las premisas con que se empezó a celebrar y en lo que ha devenido no lo comparto, así que ni lo celebro ni lo felicito), pero paso de él. Prefiero celebrar el Día de la Toalla.

Una toalla es algo realmente importante, y verdaderamente imprescindible para un autoestopista, como bien nos explica Douglas Adams en su "Guía del autoestopista Galáctico". Como no tengo a mano el texto original para picarlo, lo voy a copypastear vilmente de Zona Fandom:

La Guía del autoestopista galáctico tiene varias cosas que decir respecto a las toallas.
Dice que una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo; envuelta alrededor de la cabeza, sirve para protegerse de las emanaciones nocivas o para evitar la mirada de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal (animal sorprendentemente estúpido, supone que si uno no puede verlo, él tampoco lo ve a uno; es tonto como un cepillo, pero voraz, muy voraz); se puede agitar la toalla en situaciones de peligro como señal de emergencia, y, por supuesto, se puede secar uno con ella si es que aún está lo suficientemente limpia.
Y lo que es más importante: una toalla tiene un enorme valor psicológico. Por alguna razón, si un estraj (estraj: no autoestopista) descubre que un autoestopista lleva su toalla consigo, automáticamente supondrá que también está en posesión de cepillo de dientes, toallita para lavarse la cara, jabón, lata de galletas, frasca, brújula, mapa, rollo de cordel, rociador contra los mosquitos, ropa de lluvia, traje espacial, etc. Además, el estraj prestará con mucho gusto al autoestopista cualquiera de dichos artículos o una docena más que el autoestopista haya «perdido» por accidente. Lo que el estraj pensará, es que cualquier hombre que haga autoestop a todo lo largo y ancho de la galaxia, pasando calamidades, divirtiéndose en los barrios bajos, luchando contra adversidades tremendas, saliendo sano y salvo de todo ello, y sabiendo todavía dónde está su toalla, es sin duda un hombre a tener en cuenta.



He aquí la prueba de que yo siempre tengo mi toalla a mano. Siempre hay que saber dónde tiene uno la toalla!!

Dia de la Toalla 2009



¿Por qué se celebra el Día de la Toalla?
Eso lo explican muy bien en el evento de feisbuk que se creó para convocar gente por ese medio. Para aquellos que no gastáis feisbuk, copypastearé aquí lo que dicen en el evento:

El Día de la Toalla se celebra el 25 de mayo en honor a Douglas Adams. Se celebró por primera vez en 2001, justo dos semanas después de su muerte, y desde entonces se ha convertido en una fiesta anual. Ese día los fans llevan una toalla durante todo el día en recuerdo de La guía del autoestopista galáctico. Hay pues cierta similitud con el Bloomsday.

Este homenaje a Douglas Adams se realiza con una toalla en honor a su obra más famosa y a uno de los rasgos más identificativos de su gran obra: la toalla, de la cual se dice que todo autoestopista galáctico debe llevar una.

Otras fechas que se consideraron para la celebración fueron el 11 de febrero (cuadragésimo segundo día del año), 11 de marzo (cumpleaños de Douglas Adams), 11 de mayo (su muerte), y 2 de abril (4/2). Finalmente se eligió el 25 de mayo por su cercanía al aniversario de su fallecimiento.


No se qué es el "Bloomsday" (si alguien me lo explica en los comentarios, estaré muy agradecida).

Y vosotros ¿Sabéis dónde está vuestra toalla?

toalla

miércoles, 6 de mayo de 2009

La Bruja Novata




Portobello Road

PROF. BROWNE:

Portobello Road, Portobello Road,

Donde se vende y se compra hasta el sol.

El que quiera deshacerse de algo que usó,

Que venga a venderlo a Portobello Road.

¡Su gran ocasión está en Portobello Road!

VENDEDOR 1:

¡Rico alabastro!

PROF. BROWNE:

¡Valiente trasto!

VENDEDOR 2:

¡Aquí el samovar que empleó nuestro zar!

VENDEDOR 3:

¡La pluma de Shakespeare!

PROF. BROWNE:

¡Y hasta un Botticcelli!

VENDEDOR 3:

¡El cortacigarros del rey Edward!

PROF. BROWNE:

-¿Hecho en Hong-Kong, a dos chelines la docena?

VENDEDORA:

¡Cristal de Holanda!

VENDEDOR 4:

¡Pues vea estas armas!

VENDEDOR 5:

¡Brillantes labrados de un Lord escocés!

VENDEDOR 6:

¡Rembrandts y Grecos!

¡Toulouse-Lautrecos!


PROF. BROWNE:

¡Cerca de aquí los pintaron ayer!

PROF. BROWNE & NIÑOS:

Portobello Road, Portobello Road,

Donde se vende y se compra hasta el sol.

PROF. BROWNE:

El que quiera deshacerse de algo que usó,

Que venga a venderlo a Portobello Road.

CHICAS PASEANDO:

¡Amigas tendrás siempre en Portobello Road!

COROS:

Portobello Road, Portobello Road,

Donde se vende y se compra hasta el sol.

¡Y pendientes y collares encontrará!

¡Las cosas más bellas en Portobello Road!

Si de su abuelo busca el retrato

Con el bigote a la moda de ayer,

Jaulas de loros que hablan muy claro,

¡Seguro que aquí se los venden a usted!

CHARLIE:

¡Comerás chocolate en Portobello Road!

(INTERLUDIO MUSICAL)

PROF. BROWNE:

Portobello Road, Portobello Road,

Siempre está la suerte aquí, en Portobello Road.

Se puede ser bailarina y pianista y saxofón.

¡Quien se sienta artista, venga a Portobello Road!

(INTERLUDIO MUSICAL)

PROF. BROWNE:

Portobello Road, Portobello Road,

Donde se vende y se compra hasta el sol…

¡Es tan bello todavía cuando acabó…!







En el fondo del mar

PROF. BROWNE:

Me encanta…

Mecerme así, moverme yo

En el fondo misterioso del mar, feliz.

¡Qué placer veranear aquí!

Pasear del brazo de un delfín…

¡Jamás me podía imaginar

Poder con los peces alternar!

¡Qué grande es mecerme así, moverme yo

En el fondo misterioso del mar, feliz!

Y sorprender que en esas cartas hay de más…

¡Por lo menos tres!

¡Qué divertido es…

PROF. BROWNE & SRTA. PRICE:

…mecerme así, moverme yo

En el fondo misterioso del mar, feliz!

SRTA. PRICE:

Es grande mecerme así, moverme yo

En el fondo misterioso del mar, feliz.

LOS DOS:

¡Qué placer poder estar aquí,

Ver pasar la gamba y el delfín!

SRTA. PRICE:

¡Genial con los peces es bailar!

PROF. BROWNE:

¡Bailar una samba en pleno mar!

LOS DOS:

¡Me encanta mecerme así, moverme yo

En el agua y con la perfección de un delfín!

¡Qué bien se llevan la lubina y el salmón!

SRTA. PRICE:

Se hacen el amor…

PROF. BROWNE:

… ¡mas él no picará!

LOS DOS:

¡mecerme así, cantando yo

En el fondo misterioso del mar, feliz!

¡Mecerme así, cantando yo,

En el fondo misterioso del mar,

Con peces nadar, con peces bailar así!







La Locomoción Sustitutiva


PROF. BROWNE & NIÑOS:

Treguna, Mekoides, Trecorum Satis Dee…
Treguna, Mekoides, Trecorum Satis Dee…


SRTA. PRICE:

La virtud de traslación invoco
Aunque ya se están moviendo poco a poco…
¡Quiero ver si van volando por ahí!
¡Esta gran locomoción yo quiero para mí!

(Hablado)
TREGUNA MEKOIDES TRECORUM SATIS DEE

Si puedo yo mover un par de zapatones
Lograré mover castillos y cañones.
¡Qué emoción tendré si puedo conseguir
Que esta gran locomoción me siga siempre a mí!


TODOS:

Treguna Mekoides Trecorum Satis Dee

La sin par locomoción invoco
Porque yo sabré gastarla poco a poco.


PROF. BROWNE:

Usted ya logró moverlo todo así:
Con Treguna, Mekoides, ¡y también gracias a mí!


TODOS:

Con Treguna, Mekoides y Trecorum Satis Dee

martes, 10 de marzo de 2009

Vampiros en la Habana

Fórmula del Vampisol (cantada):

"En noche de luna llena
mezclar con gran precisión
dos onzas de hierbabuena
y un huevo de camaleón.

Echar tres onzas y cuarto
de azúcar sin refinar,
un corazón de lagarto,
y una pizquita de sal.

50 gramos añada
de sangre de colibrí,
con mucha piña colada
¡Y un toquecito de ají!

Debe agregar sin demora
extracto de tiburón,
lo pasa por batidora
con medio litro de ron.

Todo se debe colar
en un colador de tul,
luego se pone a enfriar
¡Hasta que se ponga azúl!

[...]"


miércoles, 26 de noviembre de 2008

The Wee Free Men - Terry Pratchett

Aquella... criatura que intentaba robarle SU mundo.
Como había dicho la reina, todas las brujas son egoístas. Los Terceros Pensamientos de Tiffany dijeron: "¡Pues convierte el egoísmo en un arma! ¡Haz que todo sea tuyo! ¡Haz que todas las vidas, sueños y esperanzas sean tuyos! ¡Protégelos! ¡Sálvalos! ¡Llévalos al redil! ¡Atraviesa la ventisca por ellos! ¡Mantén alejados a los lobos! ¡Mis sueños! ¡Mi mundo! ¡Cómo te atreves a llevrte esas cosas! ¡Son mías! ¡Tengo una obligación!"
La rabia la desbordó; se levantó con los puños apretados y le gritó a la tormenta, poniendo en el grito toda la ira que llevaba dentro.
Un rayo se estrelló a su derecha, y otro a su izquierda. Se quedaron allí, crepitando, y se formaron dos perros.
El pelaje echaba vapor y de las orejas les salieron unas chispas azules al sacudirse el agua de encima. Miraron a Tiffany con atención.

The Wee Free Men - Terry Pratchett



Los que pueden hacer, deben hacer por los que no pueden. Y alguien tiene que hablar por los que no tienen voz.

viernes, 31 de octubre de 2008

Cúpulas de Fuego - David Eddings - El Tamuli I

Atravesó la depresión de la cima, hasta donde Bevier se hallaba dirigiendo las actividades de sus caballeros.
- Hora de irse a la cama -dijo a su hija mientras la cogía en brazos.
Ella hizo algún puchero, pero no puso ninguna otra objeción. Cuando Sparhawk estaba a medio camino de la tienda de su esposa, aminoró el paso.
- ¿Cuán rigorista eres respecto a la formalidad, Afrael? -le preguntó.
- Unas cuantas genuflexiones son agradables, padre -replicó la niña-, pero puedo pasarme sin ellas... en caso de emergencia.
- Me alegro. Si el ataque se produce esta noche, voy a necesitar un poco de luz para verlos.
- ¿Cuánta luz?
- Algo así como luz de mediodía sería perfecto.
- No puedo hacer eso, Sparhawk. ¿Tienes idea de la cantidad de líos en los que me metería si hiciera que saliera el sol cuando no debe?
- Yo no estaba sugiriendo realmente eso. Sólo quiero luz suficiente como para que el enemigo no pueda escabullirse hasta nosotros a cobijo de las sombras. El hechizo es bastante largo, requiere muchas formalidades y una tremenda cantidad de cuestiones específicas. Puede que me vea un poco abrumado por la falta de tiempo, así que ¿te ofendería demasiado si sencillamente te pidiera luz y dejara los detalles en tus manos?
- Eso es terriblemente irregular, Sparhawk -reprobó ella con tono remilgado.
- Ya lo sé, pero ¿sólo por esta vez?
- Oh, bueno, creo que por esta vez puede pasar, pero no lo convirtamos en un hábito. Después de todo, piensa que tengo una reputación que mantener.
- Te quiero -dijo él entre carcajadas.
- Oh, si ese es el caso, entonces está todo en orden. Podemos torcer toda clase de reglas por la gente que nos quiere de verdad. Sólo tendrás que pedir la luz, Sparhawk. Yo me encargaré de que tengas montones y montones de luz.

jueves, 23 de octubre de 2008

La Casa de Muñecas - The Sandman - Neil Gaiman

Hoy tengo la muerte ante mí:
Como un remedio para el enfermo,
como salir a un jardín
tras la enfermedad.

Hoy tengo la muerte ante mí:
Como el olor de la mirra,
como sentarse bajo una vela
con buen viento.

Hoy tengo la muerte ante mí:
Como la corriente de un arroyo,
como la vuelta de un hombre
del barco de guerra a casa.

Hoy tengo la muerte ante mí:
Como el hogar que un hombre ansía ver,
después de muchos años prisionero.

viernes, 10 de octubre de 2008

El vuelo del Dragón - Anne McCaffrey

Marcha lejos, marcha adelante,
ruedan los ecos sin respuesta.
Vacíos, abiertos, polvorientos, muertos.
¿Por qué han huido todas las gentes del weyr?
¿Adónde se han marchado los dragones
abandonando los weyrs al viento y a las tempestades,
dejando a las reses libres de trabas?
¿Adónde se han marchado nuestros protectores?
¿Han volado a algún nuevo weyr
en el que otros temen a las crueles hebras?
¿Están a mundos de distancia de aquí?
¿Por qué, oh, por qué está vacío el weyr?

martes, 16 de septiembre de 2008

Los Seres Fulgentes - David Eddings - El Tamuli II

- Claro que te amo, Berit-caballero -dijo la emperatriz Elysoun con un poco de tristeza-, pero también lo amo a él.
- ¿Y a cuántos más amas, Elysoun? -le preguntó Berit con tono ácido.
La emperatriz de pechos desnudos se encogió de hombros.
- He perdido la cuenta. A Sarabian no le importa. ¿Por qué habría de importarte a tí?
- ¿Entonces hemos acabado? ¿Ya no quieres volver a verme?
- No seas ridículo, Berit-caballero. Por supuesto que quiero volver a verte... tan a menudo como me sea posible. Lo único que sucede es que habrá ocasiones en que estaré ocupada viéndolo a él. No tenía necesidad de decírtelo, ya lo sabes, pero eres tan bueno que no quería actuar a tus espaldas para... -la muchacha luchaba para encontrar la palabra adecuada.
- ¿Para ser infiel? -dijo bruscamente Berit.
- Yo nunca soy infiel -le contestó ella indignada-. Retira eso ahora mismo. Soy la dama más fiel de toda la corte. Le soy fiel a al menos una docena de jóvenes, a todos al mismo tiempo.
El se echó a reir repentínamente.
- ¿Qué es lo que te hace tanta gracia? -le preguntó ella con tono imperioso.
- Nada, Elysoun -replicó él con un afecto genuino-. Eres tan deliciosa que no puedo evitar echarme a reír.
Ella suspiró.
- La vida sería mucho más sencilla para mí si los hombres no os tomarais estas cosas con tanta seriedad. El amor debería ser divertido, pero vosotros fruncís el ceño y agitáis los brazos en el aire por su causa. Vete a amar a alguna otra. A mí no me importa. Siempre y cuando todo el mundo sea feliz, ¿qué importancia tiene quién ha hecho feliz a cada cual?
Él le sonrió.
- Todavía me amas, ¿verdad, Berit-caballero?
- Por supuesto que sí, Elysoun.
- ¿Lo ves? ¿Todo está arreglado, entonces?

lunes, 28 de julio de 2008

Todos los Weyrs de Pern - Anne McCaffrey

PRÓLOGO


El Sfía sintió que sus sensores respondían a una renovación de energía procedente de los paneles del tejado que lo cubría. El viento debía de ser fuerte, lo suficiente para quitar de los paneles el polvo y la ceniza volcánica acumulados. Había habido bastantes incidentes similares a lo largo de los últimos dos mil quinientos años, así que el Sfia pudo seguir funcionando, aunque sólo con un nivel de mantenimiento muy bajo.
Al repasar los principales circuitos operativos, el Sfia no encontró ningún desperfecto. Los sensores óptcos externos seguían obstruídos, pero fue consciente de nuevo de la actividad que se producía en sus inmediaciones.
¿Era posible que los humanos hubieran regresado a la zona de Aterrizaje?
Aún no había completado su misión prioritaria: descubrir un medio para destruir al organismo que los capitanes denominaron "Hebras". No había recibido información significativa para el cumplimiento de esa tarea, pero la prioridad nunca fue cancelada.
La energía empezó a aumentar sus recursos conforme los paneles eran descubiertos. No se trataba de un hecho casual provocado por el viento u otros fenómenos meteorológicos, sino una actividad consciente y eficaz. A medida que limpiaban los paneles, la energía solar recargaba los colectores, inactivos durante tanto tiempo. El Sfia respondió distribuyendo la energía revitalizante por sus sistemas, haciendo rápidas comprobaciones a través de circuitos hasta entonces dormidos.
El Sfia había sido muy bien diseñado y, como la energía continuó fluyendo, funcionó a pleno rendimiento cuando descubrieron los sensores exteriores.
¡Los humanos habían regresado a Aterrizaje! ¡Muchos de ellos! Una vez más, la humanidad había triunfado sobre expectativas adversas. El Sfia captó mediante sus elementos ópticos ajustables que todavía los acompañaban las criaturas llamadas lagartos de fuego. El ruido se filtraba también por los canales de audio: voces humanas pronunciando palabras extrañas. ¿Un cambio lingüístico? En dos mil quinientos años era muy probable. El Sfia escuchó e interpretó, comparando las vocales alteradas y las consonantes difusas con sus pautas idiomáticas. Organizó los nuevos sonidos en grupos y los comparó con su programa semántico.
En su campo de visión apareció una inmensa criatura blanca. ¿Descendiente de la primera producción de ingeniería genética? El Sfia hizo una rápida extrapolación a partir de los archivos del biolaboratorio y llegó a la inevitable conclusión de que los llamados dragones habían madurado y prosperado. Buscó "blanco" en los parámetros de la especie creada artificialmente, pero no lo encontró.
La humanidad no sólo había sobrevivido a la caída de las Hebras durante dos mil quinientos veinticinco años, sino que se había fortalecido. La especie tenía la tenacidad necesaria para sobrevivir donde otras sucumbían.
Si los humanos habían logrado regresar del Continente Septentrional, ¿habrían conseguido también destruir al organismo? Eso estaría bien. ¿Qué debería hacer entonces el Sfia si su prioridad estaba cumplida?
Los humanos, con su insaciable curiosidad e inquietud, tendrían nuevas tareas para un Sistema Fonético de Inteligencia Artificial. No eran unos seres que se contentaran fácilmente, según sabía por sus bancos de memoria. Pronto los que trabajaban para eliminar detritus de siglos descubrirían todo el edificio y llegarían hasta él. Desde luego, el Sfia debía reaccionar como ordenaba su programa.
Esperó.

sábado, 12 de julio de 2008

Guía del Dragonstopista Galactico al Campo de Batalla Estelar de Covenant en el Límite de Dune: Odisea Dos - David Langford

Duelo de Palabras
Fr*nk H*rb*rt


La versatilidad es la habilidad para nadar en terreno desconocido.
(de Los beneficios del desastre, por la Princesa Irresolut)



La puerta energética se cerró a sus espaldas con un siseo mientras ella daba unos pasos hacia delante, consciente de estar entrando en un territorio desconocido.
Un umbral de consciencia. El decorado es el mismo, el mármol típico, las joyas y el recubrimiento de platino..., pero después del pasillo, anodino y vacío, esta habitación posee una personalidad. Una personalidad hostil.
Tomó asiento haciendo torbellinear su túnica, ignorando a propósito el detector de armas suspendido discretamente a unos cinco centímetros por encima de su cabeza. ¿Acaso cree que me hacen falta armas? Sólo puede ser una estratagema para hacer que me confíe demasiado. Mientras esté sentada aquí tendré que andar con mucha cautela.
El Conde Gorman y Dama Henrietta se contemplaron el uno al otro.
Podría acabar con él ahora mismo, pensó ella. La forma en que inclina la cabeza hacia un lado..., el cuchillo debe estar encima de su omoplato izquierdo. Tengo que esparar hasta que finja rascarse el cuello.
-Hola -dijo en voz alta.
Atrapados por las convenciones: ¡tenemos que saludar cortésmente a nuestros enemigos incluso en el mismo instante de su destrucción!
Los ocho niveles de significado interconectados que se acumulaban en aquella sencilla palabra no le pasaron desapercibidos al Conde. Es tan peligrosa como un canario de agudos y brillantes colmillos, pensó. Debo dar la impresión de qu estoy tranquilo, tengo que apartar sutilmente su atención de la uña donde está oculto el lanzador de dardos venenosos. Examinó los dedos de su mano izquierda, manteniéndose en silencio mientras examinaba las opciones posibles.
¡Gran Herbert! ¡Quiere que me fije en esa mano! Entonces, el peligro debe estar en algún otro sitio; o quizá no. Henrietta hizo un esfuerzo para que sus fosas nasales no revelaran la tensión que sentía. Control, pensó. Después de haber recitado esa breve letanía, su cerebro recuperó la claridad y pudo examinar más atentamente a Gorman, con su consciencia entrenada por el Sindicato de Reverendas Madres hurgando en la fachada del Conde... Control corporal, control nervioso, control mental, control remoto.Entonces, esa inclinación de cabeza es otro truco. La hoja está a la derecha.
El Conde Gorman percibió la minúscula relajación muscular en los lóbulos de las orejas de ella. Creo que ha funcionado, se permitió pensar, con algo parecido a la casi certeza. He conseguido desviar su atención de mi arma principal. La masa de cálculos y conjeturas palpitaba dentro de él, pero aun así sus propias y traicioneras emociones seguían manchando sus pensamientos.
Es hermosa. ¿Tengo que destruirla, no hay otro remedio? Apenas había logrado pestañear para librarse de los comienzos del miedo cuando el reflejo azotó su mente, haciendo que su consciencia pasara a una fase más elevada. ¡Hermosa pero mortífera! Podría haberme matado diez veces en ese microsegundo. Una belleza tal es un arma terrible.
Los párpados de la Dama se movieron de forma infinitesimal, ocultando un milímetro de sus ojos almendrados pese a la ambígua no-expresión que se esforzaba por mantener en su rostro.
Ha pestañeado. No está seguro. Aunque, ¿no puede tratarse de otra finta, una cuarta capa de su estratagema? Engranajes dentro de engranajes: no debo subestimar la sutileza mental de este hombre, especialmente cuando da la impresión de no tener nada que ocultar.
¡... un momento!
El terror centelleó en su mente. ¿Es posible que..., es posible que sea... el Deusek Zmakinaa?
Probablemente no.

Henrietta sintió cómo las invisibles líneas de tensión se iban acumulando en el cuarto. Desde que se cerró la puerta habían transcurrido ocho segundos. Había llegado el momento de introducir un nuevo complejo de factores en la situación, antes de que Gorman pudiera completar su frío análisis del estado actual del juego. Mantenle desequilibrado, se dijo a sí misma con premura, y dibujó sobre sus labios la impalpable sombra de una sonrisa. Bien: está esperando que hable. ¡Que mi silencio le haga saber que no me dejaré llevar por la matriz que ha preparado!
El cronomural zumbaba implacablemente.
Las consecuencias del acto más insignificante cometido en aquella solitaria habitación podían ser incalculables. Gorman masticó pensativamente su chicle de especia estimuladora de la mente y percibió una infinidad de líneas temporales que irradiaban de aquel presente. La lógica exigía que las observara todas; pero la breve pausa requerida para hacerlo bastaría por sí sola para distorsionar la creciente multiplicidad de futuros, y quizás incluso pudiera llevarles más allá del punto de ruptura.
Ser impredecible es la clave de la victoria... La idea pasó velozmente por su cerebro, y a punto estuvo de hacer que su yugular saltara en una delatora contracción.
Está esperando que siga callado. Si ataco su estabilidad desde esa dirección consigo la ventaja.
-Ha sido usted muy amable al venir corriendo -dijo, con voz tranquila y suave.
¡... Dejemos que piense lo que quiera de eso! Con qué cuidado he evitado poner el énfasis en ninguna palabra: imaginará un millar de falsedades. ¿Dónde creerá que está puesto el énfasis, en "amable", lo cual implica un triunfo oculto por mi parte? ¿O en "usted", con esa inquietante connotación de que yo podía haber estado esperando a otra persona? Quizá el callado sarcasmo de un supuesto énfasis en "venir", donde un millar de cosas distintas que ella podría haber hecho nadan bajo la reluciente superficie de mi retórica...
Mientras acumulaba fuerzas cada vez más sutiles de las profundidades de su consciencia, Henrietta creyó haber percibido cierta indecisión bajo la acerada vacuidad que había en las palabras del Conde. De nuevo la distracción, pensó. Está intentando ganar tiempo. Pero de repente comprendió que aquella pequeña frase era toda una bomba de relojería psicológica. La conexión semántica establecida entre la misma Henrietta y el adjetivo "amable"..., un brillante ataque subliminal calculado para embotar el filo de su mente erosionando su consciencia del yo-como-arma; y todo ello enmascarado por una neblina de connotaciones obscenas que rodeaban el gerundio del verbo "correr" con la sugerencia de su faceta reflexiva. Ni tan siquiera el haber comprendido la profundidad de aquella trampa bastaba para eliminarla.
Es un enemigo digno de mi acero, admitió Henrietta de mala gana. Y, un instante después, su mente recibió el impacto tangencial de aquel pensamiento. ¡Acero! ¡Casi me había olvidado de la metalivara que lleva en la funda de su espalda! Oh, qué astuto es...
Decidida a acelerar el ritmo de aquella confrontación, replicó después de haberse permitido tan solo la más breve de las pausas, controlando cuidadosamente su voz para imprimirle un ronroneo sensual y sibilante en el que había un aparente énfasis sobre lo ominoso y toda una serie de matices ocultos cargados de amenaza, oximorones y catacresis.
-Oh, no hay de qué.
Gorman luchó por dominar el pánico al verse enfrentado a tan implacable seguridad. ¡Está hecha de acero! Sintió cómo un cálido sudor corría por sus sobacos, pero sus ojos permanecieron clavados en los de ella con el mismo y gélido control de antes, pese a que por primera vez se permitió pensar en la lejana posibilidad de la derrota.
Sus pensamientos se volvieron hacia el botón de alarma que había bajo su pie izquierdo. ¿Sería un acto de cobardía apretarlo? Y después había una pregunta todavía más punzante, una pregunta que le atravesó lentamente las entrañas, dejándolas frías y entumecidas: ¿podría mantenerla distraída durante los cuatro segundos precisos para que llegara el batallón de guardias? Probablemente no.
Dama Henrietta seguía inmóvil, como una k'obra antes de atacar.
Estamos jugando una partida de ajedrez. Cada combinación oculta media docena de combinaciones distintas que se unen entre ellas formando extrañas pautas. Tengo que jugar cuidadosamente mis cartas. Sus agudas percepciones no pudieron por menos que notar la delatora falta de alguna emoción visible en los rígidos músculos del Conde. Finge estar alarmado para que yo me confíe.
Daba la impresión de que sus ojos llevaban media eternidad inmóviles, observándose mútuamente. Gorman movió hacia un lado el pie que había tenido suspendido sobre la alarma, apartándolo dos centímetros del botón con un doloroso esfuerzo de voluntad. No puedo hacerlo. No puedo permitir que luego vayan diciendo por ahí que un Conde del linaje de los Cantharides se dejó aterrorizar por una simple mujer. El amplio abanico de futuros onduló y se balanceó ante sus ojos, burlándose de sus esfuerzos por controlarse. El ordenador orgánico enterrado en su cerebro le informó de que sus oportunidades personales estaban aumentando o disminuyendo a cada segundo que pasaba. No me dejaré aturullar, pensó. Aturullarse es la muerte de la mente.
Henrietta, entrenada durante años para percibir trivialidades totalmente desprovistas de importancia, se dio cuenta de que el Conde se había movido.
Ve que es necesario cambiar de postura, ¿no? ¿O será que tiene allí una alarma y pretende accionarla? ¡Por el Wullahy, qué fuerte es! ¡A estas alturas cualquier hombre corriente ya estaría arrastrándose por el suelo! Pero ahora creía conocer cuál era su punto débil. No puede soportar el silencio. Hablará para romper este punto muerto y luego se maldecirá a sí mismo por haber cedido ante la presión, dándome la oportunidad de intentar una contraestratagema. Contuvo el aliento, y el silencio que dominaba la habitación se hizo todavía más profundo, brotando del tranquilo centro de Henrietta en lentas y frías olas que golpearon al Conde en pleno estómago.
Mientras esperaba alguna acción por parte de ella, Gorman se dió cuenta de que se encontraba peligrosamente tenso, con su cuerpo preparado para repeler un ataque que no llegaba. ¡Es una bruja! Me está leyendo la mente. Y de repente se dio cuenta de que Dama Henrietta no estaba respirando y había hecho que su corazón dejara de latir. ¿Un trance? No, sus pestañas están demasiado atentas, demasiado concentradas... ¡Está intentando hipnotizarme! La idea resultaba tan incongruente que Gorman casi permitió que una remota comisura de sus labios hiciera alusión al falso amanecer de una sonrisa. Pero, en vez de ello, se dijo: Adelante, rompamos la tensión. Si consigo sorprenderla, quizá se produzca un momento de distracción que podré utilizar.
Y, sin el menor aviso previo, sin cambiar su postura ni una fracción de milímetro y sin mover los labios, habló.
-Quería hacerle unas cuantas preguntas -dijo secamente.
El latigazo de su aguda voz casi consiguió que Henrietta reaccionara. No dejes que te aturda con un interminable torrente de palabras, se riñó a sí misma. Utilizó la letanía cuerpo/nervio/mente/vejiga para alcanzar una nueva meseta de calma interior y examinó de nuevo a Gorman.
Un hombre muy poderoso. Debo actuar con cautela. Y siguió sentada, inmóvil como una estatua, reuniendo todos sus recursos para asestar el golpe.
Quizá, después de todo, sí sea un trance, tuvo tiempo de pensar el Conde. ¿O será que está un poco sorda? Obedeciendo a un reflejo automático se había inclinado unos pocos milímetros hacia delante para volver a hablar, y de repente su propio alarido mental le dejó paralizado. ¡Eso es justo lo que ella quiere que hagas!
¡Ahora!
Y reuniendo todo el mortífero control de la voz que estaba a sus órdenes, Henrietta arrojó sus palabras hacia aquella indefensa cabeza que tenía delante, azotándola y fulminándola con su desprecio.
-Unas preguntas... sobre el descubierto de mi cuenta, ¿verdad?
Fue demasiado. El cuello del Conde quedó fláccido, comprendía que había sido derrotado, pero en aquella comprensión había algo que casi era orgullo por haber podido combatir con semejante criatura. ¡Es magnífica!
-¡El siguiente! -dijo el Conde con un hilo de voz, después de que Dama Henrietta hubiera salido de la habitación y la puerta se cerraba a sus espaldas.



Quien lleva aunque sólo sea durante un tiempo la máscara de otro ha rechazado su propio yo. Ése es el camino que lleva al olvido.
(de Práctica literaria en el Último Imperio, por la Princesa Irresolut)


Extraído de Guía del dragonstopista galáctico al campo de batalla estelar de Covenant en el límite de Dune: Odisea Dos de David Langford. Ultramar Ediciones. ISBN: 84-7386-557-X

viernes, 20 de junio de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein

Minerva, Dora es la única mujer a la que he amado sin reservas. No sé si puedo explicar por qué. No la quería así cuando me casé con ella, no había tenido oportunidad todavía de enseñarme lo que puede ser el amor. Oh, la quería, pero era el amor que siente un padre cariñoso por un hijo favorito, o algo parecido al amor con el que puedes colmar a una mascota.
Decidí casarme con ella no por amor en el sentido más profundo de la palabra, sino por algo más sencillo, porque esta adorable niña que tantas horas de felicidad me había proporcionado quería algo con todas sus ganas, un hijo mío, y solo había una forma de darle lo que quería y seguir gratificando mi narcisismo. Así que, casi con frialdad, calculé el coste y decidí que el precio era lo bastante bajo y que podía darle lo que quería. No podía costarme mucho, era una efímera. Cincuenta, sesenta, setenta, como mucho ochenta años y estaría muerta. Podía permitirme pasar una cantidad tan nimia de tiempo intentando hacer feliz a mi hija adoptiva durante su lastimosamente corta vida, eso fue lo que calculé. No era mucho y podía permitírmelo. Así que adelante.
El resto fue cuestión de no andarse con medias tintas, hay que hacer lo que sea necesario para llevar a cabo tu propósito principal. Te he contado algunas de las alternativas; quizá no haya mencionado que consideré la posibilidad de recuperar la capitanía del Andy J. durante el tiempo que viviese Dora, hacer que Zaccur Briggs se ocupase de la parte de tierra de la sociedad, o comprarle su parte si eso no le convenía. Pero si bien ochenta y tantos años en una nave espacial a mí me daban igual, para Dora sería toda una vida y quizá no le gustara mucho. Además, una nave no es el sitio ideal para criar hijos. ¿Qué haces cuando crecen? ¿Los dejas en cualquier parte sin conocer nada salvo la rutina de la nave? No funciona.
Decidí que el marido de una efímera tenía que ser un efímero, en todos los sentidos posibles. El corolario de esa decisión nos hizo terminar en Valle Alegría.
Valle Alegría, la más feliz de todas mis vidas. Cuanto más tiempo tenía el privilegio de vivir con Dora, más la amaba. Me enseñó a amar amándome y yo aprendí... con bastante lentitud. No era demasiado buen estudiante, ya tenía mis costumbres bien arraigadas y carecía de su talento natural. Pero aprendí. Aprendí que la felicidad suprema yace en querer mantener a otra persona a salvo, caliente y feliz, y en tener el privilegio de intentarlo.
Y también la mayor tristeza. Cuanto mejor lo aprendía viviendo día a día con Dora, más feliz era... y más me dolía en el fondo cierto conocimiento, saber que esto solo podía durar un tiempo, que pronto terminaría. Y cuando terminó, tardé en casarme de nuevo casi cien años. Luego me casé, porque Dora también me enseñó a enfrentarme con la muerte. Era tan consciente de su propia muerte, de la segura brevedad de su vida, como yo. Pero me enseñó a vivir el ahora, a no dejar que nada manche el hoy... hasta que por fin superé la tristeza de estar condenado a vivir.

martes, 17 de junio de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein

Extractos de los Cuadernos de Lazarus Long

Guarda siempre la cerveza en un lugar oscuro.

Según los datos que tenemos hasta la fecha, solo hay un animal en la galaxia que es peligroso para el hombre: el propio hombre. Así que debe facilitar su propia e indispensable competencia. No tiene enemigo que lo ayude.

Los hombres son más sentimentales que las mujeres. Cosa que les ofusca la capacidad de pensar.

Por supuesto que el juego está amañado. Que eso no te detenga: si no apuestas no puedes ganar.

Cualquier sacerdote o chamán debe ser considerado culpable hasta que se demuestre su inocencia.

Escucha siempre a los expertos. Te dirán lo que no se puede hacer y por qué. Luego hazlo.

Dispara rápido. Eso disgusta al rival el tiempo suficiente para que tu segundo disparo sea perfecto.

No hay ninguna prueba concluyente de que haya vida después de la muerte. Pero tampoco hay ningún tipo de prueba que lo desmienta. Pronto lo sabrás, así que, ¿para qué preocuparse?

Si no puede expresarse en números, no es ciencia: es una opinión.

Ya hace mucho tiempo que se sabe que un caballo puede correr más que otro... ¿pero cuál? Las diferencias son cruciales.

Un adivino falso se puede tolerar. Pero a un auténtico vidente hay que dispararle sin previo aviso. Cassandra no recibió ni la mitad de las patadas que se merecía.

El autoengaño cumple con frecuencia una función. La opinión de una madre sobre la belleza, inteligencia, bondad, etcétera ad nauseam de sus hijos evita que los ahogue nada más nacer.

La mayor parte de los "científicos" son gente que lava botellas y clasifica botones.

"Varón pacifista" es una expresión contradictoria. La mayor parte de los que se describen como "pacifistas" no son pacíficos, solo adoptan unos colores falsos. Cuando cambia el viento izan la bandera pirata.

La lactancia no disminuye la belleza de los pechos de una mujer, realza su encanto haciendo que parezcan acogedores y felices.

Una generación que hace caso omiso de la historia no tiene pasado, ni futuro.

Un poeta que lee sus versos en público quizá tenga otras desagradables costumbres.

Con frecuencia se puede encontrar calderilla debajo de los cojines de los asientos.

La historia no recoge en ningún lugar ni en ningún momento una religión que tenga alguna base racional. La religión es una muleta para las personas que no son lo bastante fuertes para enfrentarse a lo desconocido sin ayuda. Pero, como la caspa, la mayor parte de la gente tiene alguna religión, invierte en ella tiempo y dinero y parece obtener un considerable placer de juguetear con ella.

Es asombroso lo mucho que se parece la "sabiduría de la madurez" a estar cansado.

Si no te gustas a ti mismo, no te pueden gustar otras personas.

Tu enemigo nunca es un villano a sus propios ojos. Ten eso presente, podría ofrecerte un modo de convertirlo en tu amigo. Si no es así, puedes matarlo sin odio... y con rapidez.

Una moción para levantar la sesión es siempre una orden.

Ningún estado tiene el derecho inherente de sobrevivir por medio del reclutamiento de tropas y, a la larga, ningún estado lo ha hecho jamás. Las matronas romanas les decían a sus hijos: "vuelve con tu escudo o encima de él". Más tarde, esta costumbre declinó. Y Roma también.

De todos los extraños "delitos" que los seres humanos han legislado de la nada, la "blasfemia" es el más asombroso, con la "obscenidad" y el "exhibicionismo" en franca pugna por el segundo y tercer lugar.

Ley de Keops: Nada se termina de construir jamás en el tiempo previsto, ni según el presupuesto.

Mejor copular tarde que nunca.

Todas las sociedades se basan en reglas para proteger a las mujeres embarazadas y a los niños pequeños. Todo lo demás es exceso, excrecencia, adorno, lujo o disparate que se puede (y se debe) tirar en una emergencia para preservar la función primordial. Dado que la supervivencia racial es la única moral universal, ningún otro fundamento es posible. Los intentos de formular una "sociedad perfecta" sobre algún otro cimiento que no sea "¡las mujeres y los niños primero!" no es solo una estupidez, sino también un genocidio automático. No obstante, los idealistas sentimentaloides (todos ellos varones) lo han intentado hasta la saciedad, y sin duda lo seguirán intentando.

El dinero es un potente afordisíaco. Pero las flores funcionan casi igual de bien.

Un bruto mata por placer. Un tonto mata por odio.

Solo hay una forma de consolar a una viuda. Pero recuerda los riesgos.

Cuando surge la necesidad, y siempre surge, tienes que ser capaz de matar a tu perro. No se lo encargues a otro, no lo hace más bonito y solo empeora las cosas.

¡Todo en exceso! Para disfrutar de la vida, toma bocados grandes. La moderación es para los monjes.

Quizá sea mejor ser un chacal vivo que un león muerto, pero es todavía mejor ser un león vivo. Y en general es más fácil.

La teología de un hombre es la carcajada de otro.

El sexo debería darse entre amigos. Si no es así, limítate a los juegos mecánicos, es más higiénico.

A lo largo de la historia, la pobreza ha sido siempre el estado normal del hombre. Los avances que permiten que se sobrepase esta norma, en algunos sitios, de vez en cuando, son obra de una minoría extremadamente pequeña, con frecuencia despreciada, muchas veces condenada y casi siempre teniendo en contra a todas las personas bien pensantes. Siempre que le impiden crear a esta diminuta minoría o (como en ocasiones ocurre) la alejan de una sociedad, la gente vuelve a caer en la más vil pobreza.
Eso se conoce con el nombre de "mala suerte".

Los hombres pocas veces (si es que hay alguna) consiguen soñar un dios superior a sí mismos. La mayor parte de los dioses tienen los modales y la moralidad de un niño malcriado.

Nunca apeles al "buen corazón" de un hombre. Quizá no lo tenga. Invocar su interés te proporcionará más influcencia.

Las niñas, como las mariposas, no necesitan excusas.

Puedes tener paz. O puedes tener libertad. Jamás cuentes con tener las dos a la vez.

Evita tomar decisiones irrevocables cuando estés cansado o hambriento. NB: Las circunstancias pueden apretarte las clavijas. ¡Así que planea las cosas!

Coloca la ropa y las armas en donde las puedas encontrar a oscuras.

El elefante: un ratón construido según las especificaciones del gobierno.

En una sociedad madura, "funcionario civil" es semánticamente equivalente a "amo civil".

Cuando un lugar se llena lo suficiente para requerir documentos de identidad, el hundimiento social no está muy lejos. Es el momento de irse a otro sitio. Lo mejor de los viajes espaciales es que han hecho posible irse a otra parte.

Una mujer no es una propiedad, y los maridos que piensan lo contrario viven en un mundo de fantasía.

La segunda mejor cosa de los viajes espaciales es que las distancias que suponen hacen que la guerra sea muy difícil, en general poco práctica y casi siempre innecesaria. Y es probable que eso sea una pérdida para muchas personas, ya que la guerra es la diversión más popular de nuestra raza, algo que le da propósito y color a unas vidas aburridas y estúpidas. Pero es una gran ayuda para el hombre inteligente que lucha solo cuando debe, nunca por deporte.

Un cigoto es la forma que tiene un gameto de producir más gametos. Ese quizá sea el propósito del universo.

Hay contradicciones ocultas en la mente de las personas que "aman la naturaleza" mientras deploran la "artificialidad" con la que "el hombre ha estropeado la naturaleza". La contradicción más obvia se encuentra en la elección de palabras, que implican que el hombre y sus artefactos no forman parte de la "naturaleza" pero los castores y sus presas sí. Pero las contradicciones son más profundas que este absurdo a primera vista. Al declarar su amor por la presa de un castor (erigida por castores y para fines de castores) y su odio por las presas erigidas por el hombre (para fines de los hombres), el "naturista" revela el odio que siente hacia su propia raza, es decir, el odio que siente hacia sí mismo.
En el caso de los "naturistas", es comprensible que se odien: son una panda patética. Pero el odio es una emoción demasiado fuerte para sentirla hacia ellos; lástima y desprecio es lo máximo que se merecen.
En cuanto a mí, quiera o no, soy un hombre, no un castor, y el homo sapiens es la única raza que tengo o puedo tener. Por fortuna para mí, me gusta formar parte de una raza compuesta por hombres y mujeres, a mí me parece un buen arreglo y perfectamente "natural".
Se crea o no, hubo "naturistas" que se opusieron al primer vuelo a la Luna que salió de la vieja Tierra porque era "antinatural" y un "destrozo de la naturaleza".

"Ningún hombre es una isla...". Por mucho que nos sintamos y actuemos como individuos, nuestra raza es un único organismo, no deja de crecer y expandirse y hay que podarlo con regularidad para que esté sano. No hace falta discutir esta necesidad: cualquiera que tenga ojos puede ver que un organismo que crece sin límites siempre termina muriendo por culpa de sus propios venenos. El único interrogante racional es si la poda es mejor hacerla antes o después del nacimiento.
Puesto que soy un sentimental incurable, yo prefiero lo primero, matar me revuelve el estómago, incluso cuando es un caso de: "él está muerto y yo estoy vivo, y así es como quería que fuera".
Pero eso quizá sea una cuestión de gusto. Algunos chamanes piensan que es mejor que te maten en una guerra, o morir de parto, o morirse de hambre en la miseria, que no haber vivido jamás. Quizá tengan razón.
Pero no tiene que gustarme, y no me gusta.

La democracia está basada en el supuesto de que un millón de hombres son más sabios que un solo hombre. ¿Cómo dices que es eso? Yo me he perdido algo.

La autocracia está basada en el supuesto de que un hombre es más sabio que un millón de hombres. Vamos a volver a tocar eso también. ¿Quién decide?

Cualquier gobierno funciona si la autoridad y la responsabilidad son iguales y están coordinadas. Eso no garantiza un "buen" gobierno, solo garantiza que va a funcionar. Pero gobiernos así son escasos, la mayor parte de las personas quiere dirigir las cosas pero no cargar con ninguna culpa. Esto antes se llamaba el "síndrome del pasajero asesor".

¿Cuáles son los hechos? Una vez y otra y otra, ¿cuáles son los hechos? Rehúye las ilusiones, haz caso omiso de las revelaciones divinas, olvídate de lo que "presagian las estrellas", evita las opiniones, que no te preocupe lo que piensan los vecinos, no importa el impredecible "veredicto de la historia": ¿cuáles son los hechos y cuántos decimales llevan? Siempre pilotas hacia un futuro desconocido; los hechos son tu única pista. ¡Infórmate de los hechos!

La estupidez no se puede curar con dinero, ni a través de la educación ni de la legislación. La estupidez no es un pecado, la víctima no puede evitar ser estúpida. Pero la estupidez es el único crimen capital, la condena es la muerte, no hay apelación posible y la ejecución se lleva a cabo de forma automática y sin compasión.

Dios es omnipotente, omnisciente y omnibenevolente. Lo dice aquí mismo, en la etiqueta. Si tienes una mente capaz de creer en estos tres atributos divinos de forma simultánea, tengo una ganga maravillosa para ti. Nada de cheques, por favor. En metálico y en billetes pequeños.

El valor es el complemento del miedo. Un hombre que no tiene miedo no puede ser valiente (y además es tonto).

Los dos mayores logros de la mente humana son los conceptos gemelos de la "lealtad" y la "responsabilidad". Siempre que estos conceptos gemelos se desprestigian, ¡sal de ahí a toda prisa! Es posible que te puedas salvar tú, pero ya es demasiado tarde para salvar a esa sociedad. Está condenada.

Las personas que se arruinan a lo grande jamás se pierden una comida. Es el pobre imbécil al que le falta medio penique el que tiene que apretarse el cinturón.

La verdad de una proposición no tiene nada que ver con su credibilidad. Y viceversa.

Un ser humano debería saber cambiar un pañal, planear una invasión, matar un cerdo, pilotar una nave, diseñar un edificio, escribir un soneto, cuadrar una cuenta, construir un muro, colocar un hueso, consolar a un moribundo, aceptar órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar solo, resolver ecuaciones, analizar un problema nuevo, manejar estiércol, programar un ordenador, cocinar un plato sabroso, luchar con eficacia y morir con gallardía. La especialización es para los insectos.

Cuanto más amas, más puedes amar y con más intensidad amas. Y tampoco existe ningún límite a la cantidad de personas a las que puedes amar. Si una persona tuviera tiempo suficiente, podría amar a toda esa mayoría que es decente y justa.

La masturbación es barata, limpia, práctica y está libre de cualquier posibilidad de pecado. Y no tienes que volver a casa bajo el frío. Pero es muy solitaria.

Cuidado con el altruismo. Se basa en el autoengaño, la raíz de toda maldad.

Si te sientes tentado por algo que parece "altruista", examina tus motivos y arranca de raíz el autoengaño. Luego, si todavía quieres hacerlo, ¡revuélcate en ello!

La noción más ridícula que el homo sapiens ha inventado jamás es que el dios de la creación, creador y gobernante de todos los universos desea la empalagosa adoración de sus criaturas, que las plegarias de estas pueden influír en Él y que se irrita si no recibe sus halagos. Sin embargo esta absurda fantasía, sin una sola prueba que la refuerce, es la que paga todos los gastos de la industria más antigua, más grande y menos productiva de toda la Historia.

La segunda noción más ridícula es que la cópula es en esencia pecaminosa.

Escribir no es por fuerza algo de lo que avergonzarse, pero hazlo en privado y luego lávate las manos.

100$ colocados al siete por ciento de interés compuesto trimestral durante 200 años irán aumentando hasta alcanzar más de 100.000.000$, y para entonces ya no valdrán nada.

Cariño, no le aburras con trivialidades ni cargues sobre él tus errores pasados. La forma más alegre de tratar con un hombre es no decirle jamás lo que no necesita saber.

Querida, una auténtica dama se quita la dignidad con la ropa y se comporta como la mejor de las putas. En otros momentos puede ser tan modesta y digna como su personaje requiera.

Todo el mundo miente sobre el sexo.

Si los hombres fueran los autómatas que los conductistas dicen que son, los psicólogos conductistas no podrían haber inventado esa asombrosa tontería llamada "psicología conductista". Así que se equivocan desde el principio, tan listos y tan equivocados como los químicos del flogisto.

Los chamanes se pasan la vida parloteando sobre los "milagros" que hacen con su aceite de serpientes. Yo prefiero lo auténtico, una mujer embarazada.

Si el universo tiene algún propósito más importante que cubrir a la mujer que amas y hacer un bebé con su más efusiva ayuda, yo nunca he oído hablar de él.

Recordarás el undécimo mandamiento y lo obedecerás en todo momento.

Una piedra de toque para determinar el valor real de un "intelectual": averigua lo que siente por la astrología.

Los impuestos no se recaudan para beneficio de los contribuyentes.

No existe eso del "juego social". O bien estás allí para arrancarle al otro tipo el corazón y comértelo... o eres un primo. Y si no te gustan estas alternativas, no juegues.

Cuando la nave despega todas las cuentas están pagadas. Sin arrepentimientos.

La primera vez que fui instructor de combate era demasiado inexperto para el trabajo, las cosas que les enseñé a esos chavales debieron de provocar la muerte de algunos. La guerra es un asunto demasiado serio para que lo enseñen inexpertos.

Una persona competente y segura de sí misma es incapaz de sentir celos por nada. Los celos son siempre un síntoma de inseguridad neurótica.

El dinero es el más sincero de todos los halagos.
A las mujeres les encanta que las halaguen.
A los hombres también.

Vive y aprende. O no vivirás mucho tiempo.

Siempre que las mujeres han insistido en la igualdad absoluta con los hombres, han terminado de forma invariable con la peor parte. Lo que son y lo que pueden hacer las convierte en algo superior a los hombres, y la táctica más apropiada para ellas es exigir privilegios especiales, todos los que puedan. Nunca deberían conformarse colo con la igualdad. Para las mujeres, la igualdad es un desastre.

La paz es una extensión de la guerra por medios políticos. Tener espacio de sobra es más agradable, y mucho más seguro.

La "magia" de un hombre es la ingeniería de otro. Lo "sobrenatural" es una palabra nula.

La frase "es que debemos (debo) (debes)..." designa algo que no es necesario hacer. "Eso no hace falta ni decirlo" es una bandera roja de advertencia. "Por supuesto" significa que será mejor que lo compruebes tú mismo. Estos sencillos clichés y otros parecidos, cuando se leen de la forma correcta, son señales muy fiables.

No perjudiques a tus hijos haciéndoles la vida más fácil.

Frótale los pies a tu chica.

Si se da la casualidad de que eres un miembro de esa inquieta minoría que sabe hacer un trabajo creativo, jamás fuerces una idea; la abortarás si lo haces. Sé paciente y la traerás al mundo cuando llegue el momento. Aprende a esperar.

Jamás agobies a los jóvenes para tratar sus asuntos privados, sobre todo si se trata de sexo. Cuando crecen, son todo terminaciones nerviosas y les ofende (como es bastante lógico) cualquier invasión de su intimidad. Ah, pues claro que cometerán errores, pero eso es asunto suyo (tú ya has cometido tus propios errores, ¿a que sí?).

Jamás subestimes el poder de la estupidez humana.

sábado, 14 de junio de 2008

Papá Puerco - Terry Pratchett

Mustrum Ridcully se ajustó la toalla alrededor de la cintura.
- ¿Cómo va la cosa, señor Modo?
El jardinero de la universidad le hizo el saludo militar.
- ¡Las cisternas están llenas, señor archicanciller, señor! -dijo en tono alegre-. ¡Y llevo todo el día echando leña en las calderas del agua!
Los demás magos del claustro se agolparon en la puerta.
- En serio, Mustrum, de verdad creo que esto es muy insensato -dijo el conferenciante de Runas Recientes-. Está claro que por algo lo sellarían.
- Recuerde lo que decía en la puerta -dijo el decano.
- Oh, esas cosas las escriben simplemente para que no entre nadie -dijo Ridcully, desenvolviendo una pastilla nueva de jabón.
- Bueno, sí -dijo el catedrático de Estudios Indefinidos-. Es verdad. Es lo que se suele hacer.
- Es un cuarto de baño -dijo Ridcully-. Estáis actuando todos como si fuera alguna clase de cámara de torturas.
- Un cuarto de baño -dijo el decano- diseñado por Jodido Estúpido Johnson. ¡El archicanciller Ceravieja solamente lo usó una vez y luego lo hizo sellar! ¡Mustrum, le ruego que lo piense mejor! ¡Es un Johnson!
Hubo una especie de pausa, porque incluso Ridcully tuvo que hacerse a la idea de aquello.
Al desaparecido (o al menos en paradero desconocido) Jenaro Escéfalo Johnson se lo reconocía ampliamente como el peor inventor del mundo, si bien en un sentido muy especializado. Los inventores simplemente malos cosntruían cosas que no funcionaran. Pero él no se contaba entre aquellos mequetrefes. Cualquier tonto podía fabricar algo que no hiciera absolutamente nada cuando apretabas el botón. Todo lo que él construía funcionaba. Simplemente no hacía lo que ponía en la caja. Si querías un misil pequeño tierra-aire, le pedías a Johnson que diseñara una fuente ornamental. Venía a ser más o menos lo mismo. Pero aquello nunca le desanimó, ni a él ni a la curiosidad morbosa de su clientes. La música, el diseño de jardines, la arquitectura... sus talentos parecían no empezar nunca.
En todo caso, resultaba un poco sorprendente descubrir que Jodido Estúpido Johnson se había pasado al diseño de cuartos de baño. Pero tal como decía Ridcully, se sabía que había diseñado y construido varios órganos musicales de gran tamaño, y si uno iba al fondo del asunto, todo era una simple cuestión de fontanería, ¿no?
Los demás magos, que llevaban más tiempo allí que el archicanciller, eran de la opinión de que si Jodido Estúpido Johnson había construído un cuarto de baño completamente funcional, es porque había intentado hacer otra cosa.

sábado, 31 de mayo de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein



Lazarus ganduleaba en su hamaca y se rascaba el pecho.
- Hamadríade -dijo-, esa no es una pregunta sencilla. A los diecisiete años estaba seguro de que me había enamorado. Pero no era más que una mezcla de exceso de hormonas y autoengaño. Pasaron más de mil años antes de que llegara a experimentar el amor de verdad, y me llevó años reconocer mi estado porque había dejado de usar esa palabra.
La "bonita hija" de Ira Weatheral parecía confusa mientras Lazarus volvía a pensar que Ira se había equivocado; Hamadríade no era bonita, era tan asombrosamente hermosa que habría conseguido los precios más altos en una subasta de Fátima, los exigentes traficantes de Iskandria habrían pujado entre sí y subido los precios con la convicción de que era una especulación sólida. Eso si el protector de la fe no se la había reservado para él...
Hamadríade no parecía darse cuenta de que su aspecto era excepcional, pero Ishtar sí. Los primeros diez días que la hija de Ira pasó formando parte de la "familia" de Lazarus (así pensaba en ellos, un termino bastante aceptable ya que Ira, Hamadríade, Ishtar y Galahad eran descendientes suyos y ahora disfrutaban del privilegio de llamarlo "abuelo", siempre que no abusaran de él), Ishtar había mostrado una cierta tendencia infantil a colocarse entre Hamadríade y Lazarus y también entre Hamadríade y Galahad, aun cuando eso requiriera estar en dos sitios al mismo tiempo.
Lazarus había observado divertido este baile de corral y se había preguntado si Ishtar sabía lo que estaba haciendo. Lo más probable es que no, decidió. Su supervisora de rejuvenecimiento era todo responsabilidad sin ningún sentido del humor, y se habría quedado espantada al saber que había vuelto a la adolescencia.
Pero no duró mucho. Era imposible no querer a Hamadríade, porque siempre mantenía una actitud callada y amable pasara lo que pasara. Lazarus se preguntó si era un patrón de conducta desarrollado de forma consciente para protegerse de unas hermanas menos dotadas, o solo su forma de ser natural. No había intentado averiguarlo. Pero ahora Ishtar tendía a sentarse al lado de Hamadríade o incluso a dejarle un sitio entre ella y Galahad; también dejaba que la ayudara a servir las comidas y demás, ayudante de "ama de casa" de facto.
- Si tengo que esperar mil años para entender esa palabra -respondió Hamadríade-, entonces lo más probable es que nunca la entienda. Minerva dice que no se puede definir en galacta, e incluso cuando hablo inglés clásico me doy cuenta de que pienso en galacta, lo que significa que en realidad no comprendo el inglés. Dado que la palabra "amor" aparece con mucha frecuencia en la antigua literatura inglesa, creía que el bloqueo que me impide pensar en inglés es que no entiendo esa palabra.
- Bueno, vamos a cambiar a galacta a ver qué se puede hacer. En primer lugar, muy pocas veces se ha pensado en ingles, no es un idioma apropiado para el pensamiento lógico. En realidad es una lengua emocional que se ha adaptado de maravilla a la tarea de ocultar falacias. Es un idioma que racionaliza las cosas, no un idioma racional. Pero la mayor parte de las personas que hablaban inglés no tenían más idea del significado de la palabra "amor" que tú, aun cuando la usaran todo el tiempo. ¡Minerva! Vamos a darle otra vez a la palabra "amor". ¿Quieres unirte a nosotros? Si es así, cambia a tu modo personal.
- Gracias, Lazarus. Hola Ira-Ishtar-Hamadríade-Galahad -respondió la voz de contralto sin cuerpo-. Estoy y he estado en modo personal; suelo estarlo, ahora que me ha dado permiso para utilizar mi criterio. Tiene buen aspecto, Lazarus, cada día más joven.
- Me siento más joven. Pero querida, cuando entres en modo personal deberías decírnoslo.
- ¡Lo siento, abuelo!
- No te pongas tan humilde. Solo di: "qué hay, aquí estoy", eso es todo. Y si pudieras arreglártelas para mandarnos a mí o a Ira al infierno, aunque solo sea una vez, te vendría bien. Limpia los circuitos.
- Pero no tengo ningún deseo de mandar allí a ninguno de los dos.
- Ese es el problema. Júntate con Dora y ya aprenderás. ¿Has hablado hoy con ella?
- Estoy hablando con Dora en este momento, Lazarus. Estamos jugando al ajedrez de las hadas en cinco dimensiones y me está enseñando canciones que le ha enseñado usted.

[...]

Ishtar esbozó una amplia sonrisa.
- Abuelo, es usted un viejo impostor.
- Eso sospecho desde hace ya mucho tiempo. Esperaba que no se notara. De acuerdo, el tema es el amor. Minerva, Hamita dice que tú le has dicho que no se puede definir en galacta. ¿Tienes algo que añadir a eso?
- Provisionalmente sí, Lazarus. ¿Me permite reservar mi respuesta hasta que hablen los demás?
- Como quieras. Galahad, hablas menos y escuchas más que cualquier otro miembro de la familia. ¿Quieres probar?
- Bueno, señor, no me había dado cuenta de que había algún misterio en el "amor" hasta que oí preguntar a Hamadríade. Pero yo todavía estoy aprendiendo inglés. Por el método naturalista, igual que un niño aprende su idioma materno. Ni gramática, ni sintaxis, ni diccionario, solo escuchar, hablar y leer. Adquirir palabras nuevas por el contexto. Por medio de ese método he adquirido la sensación de que "amor" significa el éxtasis compartido que se puede obtener a través del sexo. ¿Es así?
- Hijo, siento decirte esto, porque si has estado leyendo mucho inglés entiendo cómo has llegado a esa conclusión, pero te equivocas por completo.
Ishtar pareció sorprenderse. Galahad se limitó a quedarse pensativo.
- Entonces debo leer un poco más.
- No te molestes, Galahad. La mayor parte de los escritores que has estado leyendo utilizan mal la palabra, con ese sentido. Demonios, yo mismo me pasé años utilizándola mal; es un ejemplo perfecto de lo resbaladiza que es la lengua inglesa. Pero, sea lo que sea el "amor", no es sexo. No quiero menospreciar el sexo. Si hay algún propósito en la vida más importante que la cooperación de dos personas para hacer un bebé, ni todos los filósofos de la historia han sido capaces de encontrarlo. Y entre bebé y bebé, los entrenamientos mantienen vivo nuestro gusto por la vida y hacen tolerable el hecho de que criar un niño supone un trabajo endemoniado. Pero eso no es amor. El amor es algo que continúa cuando ya no sientes ninguna excitación sexual. Si así lo estipulamos, ¿quién quiere probar? Ira, ¿qué tal tú? Sabes más inglés que los demás, lo hablas casi tan bien como yo.
- Lo hablo mejor que usted, abu; lo hablo con corrección, cosa que usted no hace.
- A mí no me vaciles, muchacho; ya te daré yo a ti corrección. Shakespeare y yo nunca dejamos que la gramática interfiriera a la hora de expresarnos. Es más, una vez me dijo...
- ¡Oh, déjelo ya! Murió tres siglos antes de que usted naciera.
- Conque sí, ¿eh? Una vez abrieron su tumba y la encontraron vacía. Lo cierto es que era medio hermano de la reina Isabel, y se tiñó el pelo para que la verdad no fuera tan obvia. Y también es cierto que lo estaban rodeando, así que dio el cambiazo. Yo he muerto así varias veces. Ira, su testamento dejaba su "segunda mejor cama" a su esposa. Busca quién recibió su mejor cama y empezarás a darte cuenta de lo que pasó en realidad. ¿Quieres intentar definir el "amor"?
- No. Cambiaría las reglas otra vez. Todo lo que ha hecho hasta ahora es dividir el campo de experiencia llamado "amor" en las mismas categorías que utilizó Minerva cuando usted le hizo esa misma pregunta hace unas semanas, es decir, "Eros" y "Ágape". Pero ha evitado utilizar esas palabras técnicas en los subcampos, y por medio de ese sofisma ha intentado excluir el término general de un subcampo y de ese modo afirmar que el término que se debía definir estaba limitado al otro subcampo, y con eso lo ha amañado para poder definir el "amor" como algo exactamente igual a "Ágape". Pero una vez más, sin utilizar esa palabra. No funcionará, Lazarus. Para utilizar su propia metáfora, le he visto guardarse esa carta.
Lazarus sacudió la cabeza con admiración.
- No tienes ni un pelo de tonto, muchacho; hice un buen trabajo cuando te inventé. Un día, cuando tengamos tiempo que perder, vamos a probar con los solipsismos.
- Venga ya, Lazarus. No puede arrollarme como ha arrollado a Galahad. Las subcategorías siguen siendo "Eros" y "Ágape". "Ágape" es escaso; "Eros" es tan común que es casi inevitable que Galahad adquiriera la noción de que "Eros" supone el significado total de la palabra "amor". Pero ahora lo ha confundido de una forma injusta porque el chaval asume, incorrectamente, que usted es na autoridad fiable con respecto al idioma inglés.
Lazarus se echó a reír.
- Ira, muchacho, cuando yo era chaval vendían eso por carretas para cultivar alfalfa. Esas palabras técnicas las inventaron unos expertos de sillón de la misma clase que los teólogos. Lo que los coloca en la misma posición que los manuales de sexo escritos por sacerdotes célibes. Hijo, he evitado esas categorías tan chic porque son inútiles, incorrectas y engañosas. Puede haber sexo sin amor y amor sin sexo, y situaciones tan mezcladas que no hay forma de diferenciar qué es qué. Pero el amor se puede definir, una definición exacta que no recurre a la palabra "sexo" ni a dar cosas por sentadas por exclusión a través del uso de palabras como "Eros" y "Ágape".
- Entonces defínala -dijo Ira-. Prometo no reírme.
- Todavía no. El problema de definir en palabras algo tan básico como el amor es que la definición no la puede entender nadie que no lo haya experimentado. Es como aquel antiguo dilema de explicarle lo que es el arco iris a una persona ciega de nacimiento. Sí, Ishtar, sé que hoy en día le puedes poner ojos clónicos a esa persona, pero el dilema era ineludible en mi juventud. En aquellos tiempos se le podía enseñar a un desgraciado así toda la teoría física del espectro electromagnético, contarle con toda precisión cuáles son las frecuencias que puede captar el ojo humano, definirle los colores en términos de esas frecuencias, explicarle con toda exactitud que los mecanismos de refracción y reflexión producen la imagen de un arco iris, describirle su forma y decirle cómo se distribuyen las frecuencias, contárselo hasta que lo aprendía todo sobre los arcos iris en el sentido científico..., pero seguirías sin poder hacerle sentir esa sensación que te deja sin aliento, lo que la visión de un arco iris le inspira a un hombre. Minerva está mejor que ese hombre porque ella puede ver. Minerva, querida, ¿alguna vez contemplas los arcos iris?
- Siempre que es posible, Lazarus. Siempre que una de mis extensiones sensitivas ve uno. ¡Fascinante!
- Eso es. Minerva puede ver el arco iris, el ciego no puede. La teoría electromagnética es irrelevante frente a la experiencia.
- Lazarus -añadió Minerva-, es posible que yo vea el arco iris mejor que un ser de carne y hueso. Mi alcance visual es de tres octavas, de mil quinientos a doce mil ángstrom.
Lazarus lanzó un silbido.
- Mientras que yo me tengo que apañar con menos de una octava. Dime, niña, ¿ves acordes en esos colores?
- ¡Oh, desde luego!
- Mmm. No intentes explicarme esos otros colores; tendré que seguir siendo medio ciego. Me recuerda a un ciego que conocí en Marte, Ira, cuando dirigí ese, bueno, centro de recreo. Este hombre...
- Abu -lo interrumpió el presidente interino con tono cansado-, no nos trate como si fuéramos niños. Cierto, usted es el hombre más viejo con vida, pero la persona más joven que hay aquí, ese retoño mío que está ahí sentado poniéndole ojitos de cordero degollado, es casi tan mayor como el abu Johnson la última vez que lo vio; Hamadríade va a cumplir ochenta años. Ham, querida mía, ¿cuántos amantes has tenido?
- Por favor, Ira, ¿quién los cuenta?
- ¿Alguna vez has aceptado dinero por ello?
- No es asunto tuyo, padre. ¿O estabas a punto de ofrecerme algo?
- No te pongas insolente, querida; sigo siendo tu padre. Lazarus, ¿cree que puede asustar a Hamadríade hablando con claridad? La prostitución aquí no es un gran negocio; hay demasiadas aficionadas tan dispuestas como ella. No obstante, los pocos burdeles que tenemos en Nueva Roma son miembros de la Cámara de Comercio. Pero usted debería probar una de nuestras mejores casas de vacaciones, digamos, el Elíseo. Después de que esté totalmente rejuvenecido.

[...]

>>Pero todas lo cuidaron por igual y nunca se pelearon por él. No me he desviado de nuestro tema con este farragoso relato sobre Ruidos; seguimos definiendo el amor. ¿Quiere intentarlo alguien ahora?
Galahad dijo:
- Ruidos amaba a todas y cada una de ellas. Eso es lo que ha estado diciendo.
- No, hijo, no amaba a ninguna. Cariño sí, pero las dejó sin mirar atrás.
- Entonces estaba diciendo que eran ellas las que lo amaban a él.
- Correcto. Una vez que comprendáis la diferencia entre lo que sentía él por ellas y lo que ellas sentían por él, ya casi habremos llegado.
- Amor de madre -dijo Ira, y añadió con brusquedad-: Lazarus, ¿está intentando decirnos que el amor de madre es el único amor que existe? ¡Pero hombre, ha perdido la cabeza!
- Es probable, pero no hasta ese punto. He dicho que lo cuidaron como una madre; no he dicho ni una palabra sobre "amor de madre".
- Hmm... ¿Se acostó con todas?
- No me sorprendería, Ira. Nunca intenté averiguarlo. Irrelevante, en cualquier caso.
Hamadríade le dijo a su padre:
- Ira, el amor de madre no puede ser lo que estamos intentando definir; con frecuencia no es más que un sentido de la obligación. A dos de mis mocosos tuve tentaciones de ahogarlos, como quizás hayas supuesto al ver lo pequeños demonios que eran.
- Hija, todos tus retoños eran niños encantadores.
- Oh, por favor. Con un bebé hay que ser madre pase lo que pase, o cuando crece se convierte en un monstruo todavía peor. ¿Qué pensabas de mi hijo Gordon cuando era un bebé?
- Un niño delicioso.
- ¿De verdad? Se lo diré..., si es que alguna vez tengo un varón y lo llamo Gordon. Lo siento, mi querido anciano, no debería haberte tendido esa trampa. Lazarus, Ira es un abuelo perfecto, nunca se olvida de un cumpleaños. Pero siempre he sospechado que es Minerva la que lo mantiene al corriente de esas cosas, y ahora lo sé. ¿No es cierto, Minerva?
Minerva no respondió y Lazarus dijo:
- No trabaja para ti, Hamadríade.
- ¡Pues claro que es Minerva la que me mantiene al corriente de esas cosas! -dijo Ira con aspereza-. Minerva, ¿cuántos nietos tengo?
- Ciento veintisiete, ira, contando el niño que va a nacer la semana que viene.
- ¿Cuántos bisnietos? ¿Y quién va a tener el niño?
- Cuatrocientos tres, señor. Marian, la actual esposa de su hijo Gordon.
- Mantenme al tanto. Ese era el pequeño Gordon en el que estaba pensando, señorita listilla. Gordon, el hijo de Gordon..., esto, con Evelyn Hedrick, creo. Lazarus, le he engañado. Lo cierto es que emigro porque tengo tantos descendientes que me están echando de este globo.
- Padre, ¿vas a irte de verdad? ¿No es solo hablar por hablar?
- Sigue siendo alto secreto hasta después de la reunión de administradores de cada decena, querida. Pero así es. ¿Quieres venirte? Galahad e Ishtar han decidido ir; van a abrir un establecimiento de rejuvenecimiento en la colonia. Tienes entre cinco y diez años para aprender algo útil.
- Abuelo, ¿usted va a ir?
- Improbable hasta la undécima potencia, querida mía. Yo ya he visto muchas colonias.
- Quizá cambie de opinión. -Hamadríade se levantó y miró a Lazarus-. Quiero proponerle, en presencia de tres testigos, de cuatro, Minerva es la mejor testigo posible, un contrato de cohabitación y progenie durante el periodo de tiempo seleccionado por usted.
Ishtar parecía sorprendida, luego borró toda expresión de su rostro; los demás no dijeron nada.
Lazarus respondió.
- Nieta, si no fuera tan viejo y no estuviera tan cansado, te daría una azotaina.
- Lazarus, soy su nieta solo por cortesía; de usted es menos del ocho por ciento de mi linaje total. Menos todavía en términos de genes dominantes, con una probabilidad que va descendiendo de refuerzo desfavorable; se han eliminado los recesivos perniciosos. Le enviaré mi patrón genético para que lo inspeccione.
- No se trata de eso, querida.
- Lazarus, tengo la certeza de que en el pasado se ha casado con sus descendientes. ¿Existe alguna razón para discriminarme a mí? Si me la dice, quizá pueda corregirla. Debo añadir que esta solicitud no depende de si emigra o no. -Y Hamadríade añadió-: O podría ser solo para tener progenie, aunque me sentiría orgullosa y feliz de que me permitiera vivir con usted.
- ¿Pero por qué, Hamadríade?
La joven dudó.
- No sé cómo responder a eso, señor. Había pensado que podría decir que lo amo, pero al parecer no sé lo que significa esa palabra. Así que no tengo ninguna palabra en ninguno de los dos idiomas para describir mi necesidad..., y seguí adelante sin ella.
- Te quiero, querida... -dijo Lazarus con dulzura.
El rostro de Hamadríade se iluminó.
Él continuó:
-... y por esa misma razón debo rechazarte. -Lazarus miró a su alrededor-. Os quiero a todos. Ishtar, Galahad... Incluso a ese feo y hosco padre tuyo, querida, que está ahí sentado con aspecto preocupado. Y ahora sonríe, cariño, porque estoy seguro de que hay un sinfín de jóvenes galanes que están deseando casarse contigo. Sonríe tú también, Ishtar, pero tú no, Ira, se te agrietaría la cara. Ishtar, ¿quién os releva a ti y a Galahad? No, me da igual quién esté programado. ¿Me permitís quedarme solo el resto del día?
La joven dudó.
- Abuelo, ¿me permite mantener personal en la sala de observación?
- Lo harás de todos modos. ¿Pero quieres limitarlos a los cuadrantes e indicadores, o lo que sea que utilicéis? ¿Que no me vigilen ni escuchen? Minerva te lo dirá si me porto mal, de eso estoy seguro.
- No habrá ojos ni oídos sobre usted, señor. -Ishtar se levantó-. Vamos, Galahad. ¿Hamadríade?
- Solo un momento, Ish. Lazarus..., ¿le he ofendido?
- ¿Qué? En absoluto, querida mía.
- Creí que estaba enfadado conmigo por... lo que le he propuesto.
- Oh, tonterías. Hamamita, ese tipo de proposiciones jamás ofende; es el cumplido más grande que un ser humano puede hacerle a otro. Pero sí es cierto que me ha confundido. Ahora sonríe y dame las buenas noches con un beso, luego ven a verme mañana si lo deseas. Venga, chicos, dadme todos las buenas noches con un beso, aquí no se ha enfadado nadie. Ira, quizá podrías quedarte un rato por aquí, si no te importa.
Como niños dóciles así lo hicieron; luego entraron en el ático de Lazarus y cogieron el transporte para bajar. Lazarus dijo:
- ¿Una copa, Ira?
- Solo si usted también toma una.
- Entonces lo dejamos. Ira, ¿se lo has sugerido tú?
- ¿Eh?
- Ya sabes a lo que me refiero. Hamadríade. Primero Ishtar, ahora Hamadríade. Has manipulado todo este asunto desde el momento en que me arrancaste de aquella fonducha donde me estaba muriendo con decencia y sin molestar a nadie. ¿Otra vez has estado intentando meterme en el plan que tengas rondándote por la cabeza, poniéndome unos cuantos culos bonitos delante de la nariz? No va a funcionar, chaval.
El presidente interino respondió en voz baja.
- Podría negarlo... y dejar que por centésima vez me llame mentiroso. Le sugiero que se lo pregunte a Minerva.
- Me pregunto si eso es una garantía. ¡Minerva!
- ¿Si, Lazarus?
- ¿Ha montado Ira esto, con alguna de las chicas?
- No que yo sepa, Lazarus.
- ¿Es eso una evasiva, querida?
- Lazarus, a usted no puedo mentirle.
- Bueno... Creo que podrías si Ira quisiera, pero no tiene sentido indagar en ello. Concédenos un poco de intimidad por unos momentos, querida, solo modo de grabación.
- Sí, Lazarus.
- Ira, ojalá hubieras respondido "si". Porque la única explicación que queda no me gusta. No tengo nada de guapo y mis modales no son de los que me granjean la simpatía de las mujeres, así que, ¿qué nos queda? El hecho de ser el hombre vivo más viejo. Las mujeres se venden por extrañas razones, y no siempre por dinero. Ira, no tengo ningún deseo de ser el semental de unas cuantas chicas monas que no perderían ni un momento de su tiempo conmigo si no fuera por el prestigio que da tener un hijo con, y cito, el Miembro más antiguo, fin de la cita.
Lo miró furioso.
>>¿No?
- Lazarus, está siendo injusto con las dos mujeres. Y también torpe, y eso no es muy habitual en usted.
- ¿Cómo?
- Las he observado. Creo que las dos lo aman, y a mí no intente enredarme hablando sobre lo que significa ese verbo; yo no soy Galahad.
- Pero... ¡Oh, mierda!
- No voy a discutir sobre esa base; la "mierda" es un tema sobre el que usted es la máxima autoridad de la galaxia. Las mujeres no siempre se venden, y sí que se enamoran... Con frecuencia por las razones más extrañas, si es que "razón" es una palabra que se puede aplicar aquí. Cierto que es usted feo, egoísta, egocéntrico, hosco...
- ¡Soy muy consciente de ello!
- ... conmigo. No obstante, a las mujeres no parece importarles mucho el aspecto que tenga un hombre, y usted es sorprendentemente dulce con las mujeres. Lo he notado. Y dice que todas esas pequeñas putitas de Marte amaban al hombre ciego.
- Algunas no eran tan pequeñas. Anna la Grande era más alta que yo, y pesaba más.
- No intente cambiar de tema. ¿Porqué lo amaban? No se moleste en responder: la razón por la que una mujer ama a un hombre, o un hombre ama a una mujer, no se puede racionalizar solo en términos de supervivencia, y la respuesta no tiene sabor, es insatisfactoria. Pero..., Lazarus, cuando haya terminado el proceso de rejuvenecimiento y usted y yo hayamos acabado con nuestra apuesta de Sherezade, da igual cómo, ¿va a volver a marcharse?
Lazarus se lo pensó un poco antes de responder.
- Supongo que sí. Ira, esta cabaña, y el jardín y el arroyo que me has prestado son muy bonitos; las veces que he bajado a la ciudad me he apresurado a volver, encantado de estar en casa. Pero no es más que un lugar de descanso; no me voy a quedar. Cuando los gansos salvajes graznan, yo me voy. -Lazarus se puso triste-. Pero no sé a dónde y no quiero repetir las cosas que ya he hecho. Quizá Minerva me encuentre algo nuevo cuando llegue el momento de marcharse.
Ira se levantó.
- Lazarus, si no fuera tan horrible, suspicaz y tacaño, le daría a las dos mujeres el beneficio de la duda y las dejaría a las dos con un hijo que les recordara a usted. No le costaría demasiado esfuerzo.
- ¡Ni hablar! Yo no abandono a los niños. Ni a las mujeres embarazadas.
- Excusas. Yo adoptaré, en el útero, a cualquier niño que engendre antes de abandonarnos. ¿Hago que Minerva lo coloque en permanente y lo selle?
- ¡Soy muy capaz de mantener a mis propios hijos! Siempre lo he hecho.
- Minerva. Transfiérelo y séllalo.
- Completado, Ira.
- Gracias, mi estupenda Pesadita. ¿Mañana a la misma hora, Lazarus?
- Supongo. Sí. Llama a Hamadríade, ¿quieres?, y pídele que venga también. Dile que te lo pedí yo. No quiero que la niña se sienta herida.
- Claro, abu.

jueves, 29 de mayo de 2008

Tiempo para amar - Robert Heinlein

A pesar de lo que le dije al Miembro más antiguo, mi antepasado el abuelo Lazarus, trabajo mucho en el gobierno de Secundus. Pero solo decidiendo las políticas y juzgando el trabajo de otros. Yo no hago el trabajo pesado; eso se lo dejo a los administradores profesionales. Aun así, los problemas de un planeta con más de mil millones de personas pueden mantener a un hombre muy ocupado, sobre todo si su intención es gobernar lo menos posible, porque eso significa que debe mantener los ojos bien abiertos y los oídos afinados por si sus subordinados están gobernando cuando no hace falta. La mitad de mi tiempo se consume en la negativa tarea de quitar de ahí a esos oficiosos funcionarios y ordenar que nunca más sirvan en un cargo público.
Luego suelo abolir sus trabajos y todos los trabajos subordinados a ellos.
Jamás he observado que tal poda produzca daño alguno, salvo que los parásitos cuyos trabajos se eliminan deben encontrar alguna otra forma de evitar la inanición (pueden morirse de hambre cuando quieran, casi mejor que se mueran. Pero no lo hacen).
Lo importante es percibir esos crecimientos malignos y eliminarlos cuando aún son pequeños. Cuanta más habilidad adquiera un presidente interino en esta tarea, más brotes encuentra, lo que lo mantiene más ocupado que nunca. Cualquiera puede ver un incendio forestal, el talento consiste en husmear los primeros indicios de humo.
Eso me deja muy poco tiempo para mi principal trabajo: decidir las políticas. El propósito de mi gobierno no es nunca hacer el bien, sino abstenernos de hacer el mal. Cosa que parece sencilla pero no lo es. Por ejemplo, aunque es obvio que prevenir una revolución armada forma parte de mis principales obligaciones, es decir, mantener el orden, empecé a tener dudas sobre lo acertado de trasladar a líderes revolucionarios en potencia años antes de que el abuelo Lazarus me llamara la atención sobre ello. Pero el síntoma que suscitó mi preocupación fue tan ínfimo que me llevó diez años darme cuenta. Durante esos diez años no se produjo ni un solo atentado contra mi vida.
Para cuando Lazarus Long volvió a Secundus con el propósito de morir, este inquietante síntoma ya había cumplido los veinte años.
No auguraba nada bueno y yo me di cuenta. Una población de más de mil millones de habitantes tan contenta, tan uniforme, tan satisfecha que no aparece ni un solo asesino decidido en dos décadas, está gravemente enferma, por muy sana que parezca. Durante los diez años que pasaron tras notar esta carencia, estuve preocupado cada hora del día que me sobraba y me encontraba preguntándome una y otra vez: ¿qué haría Lazarus Long?
Sabía en líneas generales lo que había hecho él (y por eso decidí emigrar), o bien sacaba a mi gente del planeta o me iba solo si nadie quería seguirme.
(Al releer esto, da la sensación de que quería que me asesinaran por una especie de sentido místico, "el Rey debe morir". ¡En absoluto! En todo momento me rodea una salvaguarda personal sutil y poderosa cuya naturaleza no voy a divulgar. Pero no pasa nada por mencionar tres precauciones negativas: mi aspecto facial es desconocido para el público; de todos modos, casi nunca aparezco en público, y cuando lo hago jamás se anuncia. El trabajo de gobernante es peligroso (o debería serlo), pero no tengo intención de morir por su causa. El "síntoma inquietante" no era que yo estuviera vivo sino que no había asesinos muertos. Nadie parece odiarme lo suficiente para intentarlo. Aterrador. ¿En qué les he fallado?).

sábado, 26 de abril de 2008

Hombres de Armas - Terry Pratchett

Durante la última hora, había aprendido más cosas sobre Ankh-Morpork de las que cualquier persona razonable podía llegar a querer saber. Tenía la vaga sospecha de que Zanahoria estaba tratando de hacerle la corte. Pero, en vez de los bombones o las flores habituales, parecía estar tratando de envolver una ciudad entera en papel de regalo.
Y, en contra de todos sus instintos, Angua estaba empezando a sentirse celosa. ¡De una ciudad! ¡Por todos los dioses, pensó, si solo hace un par de días que le conozco!
Era la manera en que Zanahoria vestía el lugar. Esperabas que en cualquier omento entonara esa clase de canción con rimas sospechosas y frases como "Mi clase de ciudad" y "Quiero ser parte de ella"; la clase de canción en que la gente baila por la calle, da manzanas a la persona que está cantando, una docena de humildes vendedoras de cerillas de pronto muestran asombrosas habilidades coreográficas, y todo el mundo se comporta como ciudadanos encantadores y amables en vez de como los individuos egoístas, malvados y capaces de llegar al asesinato que ellos mismos sospechan ser. Pero la diferencia estaba en que si de pronto Zanahoria se hubiera puesto a cantar y bailar, la gente se habría unido al número musical. Zanahoria era capaz de hacer que un círculo de monumentos megalíticos se pusiera en fila detrás de él y bailara una rumba.

martes, 29 de enero de 2008

El Segador - Terry Pratchett


Bill Puerta abrió la mano. La señorita Flitworth arqueó las cejas. Allí estaba el reloj de cristal dorado, con la burbuja de encima casi vacía. Pero parpadeaba, un instante estaba allí, y al otro no.
-¿Cómo es que lo tiene usted? ¡Si está arriba! La niña lo tiene tan agarrado como... -titubeó-. Como alguien que agarra algo muy fuerte.
TODAVÍA SIGUE ARRIBA. PERO TAMBIÉN ESTÁ AQUÍ. Y EN TODAS PARTES. AL FIN Y AL CABO, NO ES MÁS QUE UNA METÁFORA.
-Pues lo que la niña tiene en la mano parece muy real.
EL HECHO DE QUE ALGO SEA UNA METÁFORA NO QUIERE DECIR QUE NO SEA REAL.
La señorita Flitworth era consciente de que la voz de Bill Puerta resonaba como si hubiera un eco, como si las palabras fueran pronunciadas por dos personas a la vez, casi en sincronía, pero no del todo.
-¿Cuánto le queda?
ES CUESTIÓN DE HORAS.
-¿Y la guadaña?
LE DI INSTRUCCIONES MUY CONCRETAS AL HERRERO.
La mujer frunció el ceño.
-No digo que el joven Simnel sea mal muchacho, pero... ¿está usted seguro de que lo hará? Pedir a un hombre como él que destruya una herramienta como esa es.. bueno, es pedir demasiado.
NO TUVE ELECCIÓN. EL PEQUEÑO HORNO QUE HAY AQUÍ NO ERA SUFICIENTE.
-Era una guadaña muy afilada.
ME TEMO QUE NO TODO LO AFILADA QUE HACÍA FALTA.
-¿Y nadie lo intentó nunca con usted?
HAY UN DICHO: NO TE LO PUEDES LLEVAR CONTIGO.
-Si.
¿CUÁNTA GENTE SE LO HA CREÍDO DE VERDAD?
-Recuerdo que una vez leí algo sobre esos reyes paganos -respondió la señorita Flitworth, titubeante-. Gente del desierto, ya sabe. Los que construían pirámides y metían tantas cosas dentro. Hasta barcos y todo. Hasta chicas con pantalones transparentes, y cacharros de cocina y todo. No me irá a decir que eso está bien.
NUNCA HE ESTADO MUY SEGURO ACERCA DE LO QUE ES EL BIEN, respondió Bill Puerta. NO ESTOY SEGURO DE QUE EXISTA ESO DEL BIEN. O EL MAL. SOLO HAY LUGARES EN LOS QUE ESTAR.
-No, lo que está bien está bien, y lo que está mal está mal -replicó la señorita Flitworth-. A mí me educaron para conocer la diferencia.
LA EDUCÓ UN CONTRABANDISTA.
-¿Un qué?
UNA PERSONA QUE HACE CONTRABANDO.
-¿Y eso qué tiene de malo?
ME LIMITO A SEÑALAR QUE ALGUNAS PERSONAS PODRÍAN TENER UNA OPINIÓN DIFERENTE.
-¡Esas no cuentan!
PERO...
En algún punto de la colina cayó un rayo. El trueno retumbó sobre la casa. Unos cuantos ladrillos de la chimenea se derrumbaron. Entonces, las ventanas temblaron ante una temible sacudida.
Bill Puerta recorrió la sala a zancadas, y abrió la puerta de golpe.
Piedras de granizo, del tamaño de huevos de gallina, rebotaron contra ella y se colaron en la cocina.
OH, TEATRO.
-¡Oh, demonios!
La señorita Flitworth se coló por debajo del brazo de Bill Puerta.
-¿Y de dónde sale ese viento?
¿DEL CIELO?, sugirió Bill Puerta, sorprendido ante el repentino nerviosismo.
-¡Vamos!
La mujer corrió hacia la cocina como un torbellino, y rebuscó en un cajón hasta dar con un farol y un fajo de cerillas.
PERO USTED DIJO QUE SE SECARÍA...
-Con una tormenta normal, si, pero con esta barbaridad... ¡se estropeará! ¡Mañana por la mañana nos la encontraremos dispersa por toda la colina!
Consiguió encender el farol y volvió corriendo.
Bill Puerta miró hacia el exterior, hacia la tormenta. Vio cómo el vendaval arrastraba algunas pajas.
¿ESTROPEARSE? ¿MI COSECHA? Se irguió en toda su altura. ¡Y UNA MIERDA!

jueves, 8 de noviembre de 2007

La Tierra de las Sombras - Peter Straub

Nota

TOM EN EL ZANZIBAR



Hace más de veinte años, un estudiante mediocre de Arizona llamado Tom Flanagan fue invitado por otro chico a pasar las vacaciones de Navidad con él, en la casa de su tío. El padre de Tom Flanagan se estaba muriendo de cáncer, aunque nadie lo sabía en la escuela, y la cas del tío quedaba lejos, a tal distancia que sería difícil regresar. Tom rechazó la invitación. A finales del año escolar su amigo la reiteró, y esta vez Tom Flanagan aceptó. Su padre había muerto tres meses antes; después de eso, hubo una tragedia en la escuela. En el momento de apartarse de la fuente de su dolor, Tom se sentía inquieto, aburrido, desdichado, preparado para lo nuevo y para la sorpresa. Tenía otra razón para aceptar, que aunque parezca tonta, era urgente: pensaba que debía proteger a su amigo. Esto le parecía la tarea más importante de su vida.
Cuando comencé a oír esta historia, Tom Flanagan estaba trabajando en un club nocturno en Sunset Street de Los Ángeles, donde seguía siendo subestimado. El Zanzibar era un lugar miserable adecuado para los artistas de mala muerte del negocio del espectáculo: tenía la atmósfera de un lugar destinado al fracaso. Era terrible ver allí a Tom Flanagan, pero el medio no influía en él. Tal vez pro eso, o porque había sido marcado mucho tiempo atrás por lugares como el Zanzibar, ya no percibía su mezquindad. En todo caso, Tom trabajaba allí desde ha´cia sólo dos semanas. Era una pausa entre sus viajes, como le sucedía desde sus días en la escuela... detenerse y luego volver a trasladarse, y así sucesivamente.
Incluso en la vulgaridad del Zanzibar a la luz del día, Tom tenía el mismo aspecto que siete u ocho años atrás, cuando sus cabellos rojizos y rizados habían comenzado a ralear. A pesar de su profesión, había muy poco de teatral en él. Nunca tuvo nombre profesional. El cartel en la pared extrema del Zanzibar sólo decía: "Tom Flnagan todas las noches". Usaba una capa durante la primera parte, la menos importante de su actuación, y luego se la quitaba casi ansiosamente cuando comenzaba el trabajo serio... Se veía en el movimiento de sus hombros que se alegraba de quitársela. Después de dejar la capa, aparecía con un smoking, o con la misma ropa con que esperaba pacientemente en el Zanzibar el momento de tomar una cerveza con un amigo. Una chaqueta de tweed; con el nudo flojo de la corbata bajo el cuello abierto de la sencilla camisa; pantalones grises planchados debajo del colchón. Sé que lavaba sus pañuelos en el lavabo y los secaba extendiéndolos sobre los azulejos. Por la mañana los arrancaba de allí como grandes hojas blancas, los sacudía y doblaba uno para ponérselo en el bolsillo.
- Ah, amigo mío -dijo levantándose, y la luz reflejada desde el espejo detrás de la barra iluminaba su frente ampliada por la caída del pelo. Aún se le veía en buen estado físico, a pesar del permanente cansancio que había marcado arrugas alrededor de sus ojos. Extendía la mano, y al estrechársela sentí la línea de la cicatriz en su palma, lo cual siempre era una sorpresa en una mano tan suave-. Me alegro de que me hayas llamado -dijo.
- Supe que estabas en la ciudad. Me alegro de volver a verte.
- Hay algo gratificante cuando uno se encuentra con tigo -comentó-, es que nunca preguntas "¿Qué tal esos trucos?"
Era el mejor mago que yo hubiera visto jamás.
- A ti no tengo que preguntártelo -respondí.
- Ah, sujeta mi mano -dijo él, y sacó una baraja de su bolsillo-. ¿Tienes ganas de probar otra vez?
- Dame la oportunidad -dije yo.
Mezcló los naipes con una sola mano,luego con las dos, los separó en tres pilas, y luego reunió la baraja en otro orden.
- ¿Está bien?
- Muy bien -respondí yo, mientras Tom empujaba las cartas hacia mí.
Tomé dos tercios de la baraja y di la vuelta a la carta de arriba. Era el jack de trébol.
- Devuélvela. -Tom bebía su cerveza sin mirar.
Coloqué el naipe en la baraja, en otro lugar.
- Observa bien. -Tom me sonreía-. Ahora viene el truco. -Golpeó la parte superior del mazo con suficiente fuerza como para provocar un ruido sordo-. Está subiendo. Lo siento.
Volvió a golpear y me hizo un guiño. Luego levantó la carta de arriba y la giró sin molestarse en mirarla.
- No entiendo cómo lo haces -dije.
Si él hubiera querido, la habría sacado de mi bolsillo, de su bolsillo, o de una caja sellada en una cartera cerrada con llave, pero era más eficaz cuando se hacía simplemente.
- Si no lo has descubierto ahora, nunca lo descubrirás. Sigue escribiendo novelas.
- Pero no es posible que lo hayas hecho con la palma de la mano. Ni siquiera la has tocado.
- Es un buen truco. Pero no sirve en el escenario..., no sirve de mucho en un club. La gente no puede acercarse lo suficiente. De todas maneras, los clientes piensan que los trucos de cartas son aburridos.
Tom miró las hileras de mesas vacías y luego al escenario, como si midiera la distancia entre ellos, y mientras meditaba sobre la inutilidad de ciertos trucos que llevaba una década perfeccionando, yo medí otra distancia: la distancia entre el hombre actual y el chico que había sido. Nadie que lo hubiera conocido entonces, cuando su cabeza pelirroja parecía echar chispas y todo su cuerpo joven comunicaba la vibración de su personalidad, podría haber profetizado el futuro de Tom Flanagan.
Por supuesto, los que habían sido nuestros maestros y aún vivían, consideraban su vida un terrible fracaso, lo mismo que la mayoría de nuestros condiscípulos. Pero nuestro más terrible fracaso no era Flanagan sino Marcus Reilly, que se pegó un tiro en su coche cuando tenía poco más de treinta años; sin embargo probablemente Flanagan era el más desconcertante. Otros habían tomado direcciones equivocadas y habían fracasado de forma tan discreta que aún podía oírse el suspiro; uno, un funcionario de Banco llamado Tom Pinfold, había caído estentóreamente cuando se descubrió que cientos de miles de dólares de los clientes habían desaparecido de sus cuentas; sólo Tomflanagan había vuelto la espalda al éxito de manera deliberada e indiferente.
Casi como si Tom pudiera leer mis pensamientos, me preguntó si había visto últimamente a alguien del colegio, y hablamos un momento sobre Hogan y Fielding y Sherman, amigos en la actualidad y compañeros de sufrimiento apasionados durante los últimos veinte años. Luego Tom me preguntó qué estaba haciendo yo.
- Bien, en realidad -respondí- iba a comenzar un libro sobre aquel verano que tú y Del pasasteis juntos.
Tom se apoyó en el respaldo de su asiento y me miró, falsamente consternado.
- No pongas esa cara -le advertí-. Todas las veces que te he visto durante los últimos cinco o seis años, has hecho todo lo posible por atraparme con esa historia. Hacías preguntas enigmáticas, dejabas caer pequeñas insinuaciones.., querías que escribiera sobre eso.
Tom me dedicó una sonrisa breve y encantadora, y por un segundo fue aquel estudiante lleno de energía.
- Muy bien. Pensé que podría proporcionarte algo útil.
- ¿Sólo eso? -le desafié-. ¿Sólo algo útil?
- Después de todo este tiempo debes darte cuenta de que está más o menos en tu línea. Y últimamente he estado pensando que ya es hora de que hable de esto.
- Bien, te escucharé con gusto.
- Perfecto -dijo, aparentemente satisfecho-. ¿Has pensado cómo quieres comenzar?
- ¿El libro? Con la casa, creo. La Tierra de las Sombras.
Tom lo pensó por un momento, con el mentón apoyado en la mano.
-No. Ya llegarás a eso, de todas maneras. Comienza con una anécdota. Comienza con el rey de los gatos. -Pensó un momento más e hizo un gesto afirmativo, viendo el asunto como un problema de montaje como su espectáculo de predistigitación. Yo le vi mejorarlo en doce formas diferentes, revisarlo con el celo de un artesano, acercándolo cada vez más: debería de haberlo hecho famoso-. Sí. El rey de los gatos. Y tal vez realmente tengas que comenzar en la escuela... la historia propiamente dicha, quiero decir. Si buscas allí, encontrarás cosas interesantes.
- Bien, puede ser.
- Si buscas, yo te ayudar´.
Volvió a sonreír, y durante un momento su rostro duro y pensativo fue el de un hombre que había buscado, y volví a pensar que cualquiera que fuera su condición actual, sólo los que carecían de imaginación podían considerar que Tom era un fracasado.
- Podría ser una buena idea -dije-. Pero ¿qué es esto del rey de los gatos?
- Ah, no te preocupes por esa historia. Ya surgirá. Siempre surge. Bien, ahora debo controlar mi equipo.
- Eres demasiado bueno para un lugar como éste.
- ¿Te parece? No, creo que somos adecuados el uno para el otro. El Zanzibar no es mal lugar.
Nos despedimos, y yo me alejé del bar para ir hacia el rectángulo de luz de la puerta abierta. Pasó un coche a toda velocidad, una muchacha con blue jeans y me di cuenta de que me alegraba de salir del club. Tom decía que se sentía bien allí, pero yo no le creía, y a mí, para empezar, me parecía una prisión.
Luego me volví y lo vi sentado en la penumbra con la camisa arremangada; parecía el jefe de ese lugar oscuro y vacío.
- ¿Estarás aquí más de dos semanas?
- Diez días.
- Yo me quedaré una semana más en la ciudad. ¿Nos reuniremos otra vez antes de que me vaya?
- Me gustaría -respondió Tom Flanagan-. Ah. A propósito...
Levanté la cabeza.
- Jack de trébol.
Reí, y me saludó con su vaso de cerveza. Nunca había mirado la carta, ni siquiera al terminar el truco. Los pequeños milagros casuales como éste lo mantenían vivo.
¿El rey de los gatos? Yo no tenía la menor idea de qué era esta "historia", pero, como Tom había prometido, apareció unas semanas más tarde en un libro. Después de leerla, supe de inmediato que el instinto de Tom no se equivocaba.
Al transcribir la historia, la pondré en el contexto en que Tom la oyó por primera vez.

ANECDOTA:

- Imagienen un pájaro -dijo el mago-. Ahora, aleteando, asustado, atormentado por el miedo, sale volando de éste sombrero.
Retiró la bufanda blanca del sombrero de copa, y una paloma del mismo color de la bufanda batió sus alas en el borde y cayó sobre la mesa, un pájaro aterrorizado, presa del pánico, incapaz de volar, que hacía un fuerte ruido con sus alas en la mesa pulida.
- Bonito pájaro -dijo el mago, y sonrió a los dos muchachos-. Ahora imaginen un gato.
Pasó nuevamente la bufanda sobre el sombrero, y apareció un gato blanco en el ala. Salió del sombrero como una serpiente, se deslizó sobre la mesa, mirando sólo a la paloma. Con la garra preparada, el gato fue hacia ella.
El mago, vestido como un payaso siniestro, con el rostro blanco y una peluca roja que resaltaban sobre el negro del frac, sonrió a los muchachos y de pronto saltó hacia adelante y hacia atrás, para aterrizar sobre sus manos enguantas. Se mantuvo casi inmóvil durante un segundo y luego dobló las piernas hacia abajo y el tronco hacia arriba en algo que pareció un solo movimiento perfecto. Ahora estaba parado en el mismo lugar que antes, y dejó caer la bufanda blanca sobre la forma alargada del gato.
Cuando el mago pasó la mano dentro de la bufanda, ésta se estremeció y cayó sobre la superficie de la mesa.
A ocho centímetros de distancia, la paloma seguía batiendo sus alas y haciendo un terrible ruido de pánico.
- Y eso es todo, ¿verdad? -dijo el mago-. Gato y pájaro. Pájaro y gato -seguía sonriendo-. Y como nuestra amiguita todavía está tan asustada, tal vez lo mejor será hacerla desaparecer.
Chasqueó los dedos, retorció la bufanda, y el pájaro desapareció.
- Los gatos me recuerdan una historia verdadera -dijo a los chicos fascinados, hablándoles como si simplemente estuviera contando una historia, como si no tuviera nada más en la mente-. Es una vieja historia, las historias más ciertas son a menudo las más antiguas. Esta la contó sir Walter Scott a Washington Irving, y Monk Lewis al poeta Shelley... y a mí me la contó un amigo que la vivió. Un viajero, en otras palabras mi amigo, iba a pie casa de un compañero, que no era yo, donde pasaría la noche. Había caminado todo el día, y aunque ya era tarde y llegaba la oscuridad, estaba lo suficientemente cansado como para desear sentarse cuando llegó a una abadía en ruinas. Se sentó, se quitó las botas, se apoyó en una cerca de hierro y comenzó a frotarse los pies. Una serie de ruidos extraños le hizo volverse y mirar por entre los barrotes de la cerca. Más abajo, en el suelo de la vieja abadía, vio una procesión de gatos. Caminaban en dos largas filas iguales, y avanzaban muy lentamente. Ahora bien, como por supuesto nunca había visto nada parecido, se inclinó hacia adelante para ver mejor. Entonces vio que los gatos que iban a la cabeza de la procesión llevaban un pequeño ataúd en el lomo, y se dirigían, aproximándose lentamente, a una tumba abierta. Cuando mi amigo vio la tumba volvió a mirar con horror el ataúd que llevaban los gatos de primera fila, y advirtió que sobre él había una corona. Ante su vista, los gatos comenzaron a bajar el ataúd a la tumba. Mi amigo quedó tan asustado que no pudo permanecer en el lugar un momento más; se puso las botas y salió corriendo hacia la casa de su amigo. durante la cena, no pudo evitar contarle a su amigo lo que había presenciado. Apenas había terminado cuando el gato de su amigo, que dormitaba frente al fuego, dio un salto y gritó: "¡Entonces yo soy el rey de los gatos!", y desapareció por la chimenea. Esto ha sucedido, amigos míos... sí ha sucedido, mis queridos pajaritos.

El verdadero comienzo de esta historia no es "Hace más de veinte años un estudiante mediocre", etcétera, sino: "Había una vez...", o: "Hace mucho tiempo, cuando todos vivíamos en el bosque..."