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viernes, 24 de junio de 2011

El derecho a leer

Hace mucho tiempo ya, un profesor me prestó un ejemplar de una revista en la que aparecía un artículo que me impactó mucho. Hace algún tiempo lo mencionaba en un post por ahí abajo, y laparca ¡Lo encontró! El texto (y más cosas) está aquí, pero para facilitaros la lectura a los vagos, os lo voy a copiar aquí:


Este artículo fue publicado en el número de febrero de 1997 de Communications of the ACM (Vol. 40, Número 2).

Para Dan Halbert el camino a Tycho comenzó en la universidad, cuando Lissa Lenz le pidió prestado su ordenador. El de ella se había estropeado, y a menos que pudiese usar otro reprobaría su proyecto de fin de trimestre. No había nadie a quien se atreviera a pedírselo, excepto Dan.

Esto puso a Dan en un dilema. Tenía que ayudarle, pero si le prestaba su ordenador ella podría leer sus libros. Dejando de lado el riesgo de ir a la cárcel durante muchos años por dejar a otra persona leer sus libros, la simple idea le sorprendió al principio. Como a todo el mundo, se le había enseñado desde la escuela primaria que compartir libros era algo malo y desagradable, algo que sólo los piratas harían.

Además, no había muchas posibilidades de que la SPA (la "Software Protection Authority", o Autoridad de Protección del Software), no lo descubriese. En sus clases de programación Dan había aprendido que cada libro tenía un control de copyright que informaba de cuándo y dónde fue leído, y quién lo leía, a la oficina central de licencias (usaban esa información para descubrir piratas, pero también para vender perfiles personales a otras compañías). La próxima vez que su ordenador se conectase a la red, la oficina central de licencias lo descubriría. Él, como propietario del ordenador, recibiría el castigo más duro, por no tomar las medidas adecuadas para evitar el delito.

Lissa no necesariamente pretendería leer sus libros. Probablemente lo único que ella necesitaba era escribir su proyecto. Pero Dan sabía que ella provenía de una familia de clase media que a duras penas se podía permitir pagar la matrícula, sin pensar en las tasas de lectura. Leer sus libros podía ser la su única forma de terminar la carrera. Entendía la situación; él mismo había pedido un préstamo para pagar por los artículos de investigación que leía (el 10% de ese dinero iba a parar a los autores de los artículos, y como Dan pretendía hacer carrera en la universidad, esperaba que sus artículos de investigación, en caso de ser citados frecuentemente, le dieran los suficientes beneficios como para pagar el crédito).

Más tarde, Dan descubrió que hubo un tiempo en el que todo el mundo podía ir a una biblioteca y leer artículos, incluso libros, sin tener que pagar. Había investigadores que podían leer miles de páginas sin necesidad de becas de biblioteca. Pero desde los años 90 del siglo anterior, tanto las editoriales comerciales, como las no comerciales, habían empezado a cobrar por el acceso a los artículos. En el 2047, las bibliotecas de acceso público eran sólo un vago recuerdo.

Había formas de evitar los controles de la SPA y la oficina central de licencias, pero también eran ilegales. Dan había tenido un compañero de su clase de programación, Frank Martucci, que consiguió un depurador ilegal, y lo usaba para evitar el control de copyright de los libros. Pero se lo contó a demasiados amigos, y uno de ellos lo denunció a la SPA a cambio de una recompensa (era fácil tentar, para traicionar a sus amigos, a estudiantes con grandes deudas). En 2047 Frank estaba en la cárcel; pero no por pirateo, sino por tener un depurador.

Dan supo más tarde que hubo un tiempo en el que cualquiera podía tener un depurador. Incluso había depuradores libremente disponibles en la red. Pero los usuarios normales empezaron a usarlos para saltarse los controles de copyright, y finalmente un juez dictaminó que ese se había convertido en su uso práctico. Eso quería decir que los depuradores eran ilegales y los programadores que los habían escrito fueron a parar a la cárcel.

Obviamente, los programadores necesitan depuradores, pero en el 2047 sólo había copias numeradas de los depuradores comerciales, y sólo disponibles para programadores oficialmente autorizados. El depurador que Dan había usado en sus clases de programación estaba detrás de un cortafuegos para que sólo se pudiese utilizar en los ejercicios de clase.

También se podía saltar el control de copyright instalando un núcleo del sistema modificado. Dan llegó a saber que hacia el cambio de siglo había habido núcleos libres, incluso sistemas operativos completos. Pero ahora no sólo eran ilegales, como los depuradores: no se podía instalar sin saber la clave de root del ordenador, cosa que ni el FBI ni el servicio técnico de Microsoft te darían.

Dan llegó a la conclusión de que simplemente no podía dejarle su ordenador a Lissa. Pero no podía negarse a ayudarle, porque estaba enamorado de ella. Cada oportunidad de hablar con ella era algo maravilloso. Y el hecho de que ella le hubiese pedido ayuda podría significar que sentía lo mismo por él.

Dan resolvió el dilema haciendo algo incluso más increíble, le dejó el ordenador, y le dijo su clave. De esta forma, si Lissa leía sus libros, la oficina central de licencias pensaría que quien estaba leyendo era él. Seguía siendo un delito, pero la SPA no lo detectaría automáticamente. Sólo podrían saberlo si Lissa lo denunciaba.

Si la universidad descubriese que le había dado su clave a Lissa significaría la expulsión para los dos, independientemente de para qué hubiese usado ella la clave. La política de la universidad era que cualquier interferencia con sus métodos de control sobre el uso de los ordenadores era motivo para una acción disciplinaria. No importaba si se hubiera hecho o no algún daño, el delito era el hecho de dificultar el control. Se asumía que esto significaba que se estaba haciendo algo prohibido, y no necesitaban saber qué.

En general los estudiantes no eran expulsados por eso -no directamente-. En su lugar se les prohibía el acceso a los ordenadores de la universidad, lo que inevitablemente significaría reprobar todas sus asignaturas.

Dan supo más tarde que ese tipo de políticas en la universidad empezaron en la década de 1980, cuando los estudiantes comenzaron a usar ordenadores masivamente. Antes de eso, las universidades tenían una actitud diferente: sólo se penalizaban las actividades dañinas, no las que eran meramente sospechosas.

Lissa no denunció a Dan a la SPA. Su decisión de ayudarle llevó a que se casasen, y también a que cuestionasen lo que les habían enseñado cuando eran niños sobre el pirateo. Empezaron a leer sobre la historia del copyright, sobre la Unión Soviética y sus restricciones sobre las copias, e incluso sobre la constitución original de los Estados Unidos. Se mudaron a Luna, donde se encontraron con otros que de la misma forma intentaban librarse del largo brazo de la SPA. Cuando empezó el Levantamiento de Tycho en 2062, el derecho universal a leer se convirtió en uno de sus objetivos fundamentales.



También recomiendo leer la Nota del Autor, que no tiene desperdicio ninguno.

sábado, 18 de junio de 2011

jueves, 25 de noviembre de 2010

domingo, 13 de julio de 2008

El Tiempo también viaja...

A veces, cuando viajo, paso por delante de algún campo de trigo, o avena, o alfalces. Salpicados de verde, salpicados de rojo, o, incluso, salpicados de amarillo... Preciosos, los miro con los ojos de cuando era niña y se sorprendían de lo bonito que quedaba un grupo de amapolas en medio de un campo de trigo... O se preguntaba cómo harían para apilar los alfalces para la comida de las vacas en invierno, porque la segadora sólo la usaban para el trigo y la avena ¿no, mamá?
Y recuerdo lo divertido que era jugar en el campo de trigo que había detrás de casa, en el campo zara, a esconderse unos de otros, sin darnos cuenta de lo fácil que era seguirnos el rastro por lo destrozados que habíamos dejado los tallos.
Y recuerdo lo asombroso de ese escarabajo marrón, pero que parecía blanco, por la cantidad de manchas blancas que tenía en el caparazón, y lo enorme que nos parecía.
Y recuerdo las batallas de garimbastas que hacíamos, con las garimbastas de los tres pobres garimbasteros (ahora sólo dos, o quizás sólo uno) que había allí.
Y recuerdo la paz que se sentía al caminar entre los árboles y los matorrales, descubriendo los senderos de supuestos animales, llegando tan lejos que descubría plantas que no crecían más cerca de casa y la ilusión de encontrarlas (¡o no!) en los libros que tenía mi padre o que, más tarde, me iba comprando yo.


Y recuerdo cuando la Cosecha le importó al Segador. Y no sólo al Segador.
Y recuerdo cuando le prestaron Tiempo, porque no sólo al Segador le importaba la Cosecha.
Y recuerdo cuando pagó su deuda, porque siempre la paga.
Y se me llenan los ojos de lágrimas de la emoción de pensar que vivo en un mundo en el que los dragones aún pueden estar en algún sitio, apilados como sardinas, y el espacio entre un dragón y otro es, de hecho, otro dragón.

domingo, 1 de junio de 2008

Balas de Vodka

Andando por la calle, escuchando música en el reproductor del móvil ¿Qué canción? No importa, pues no puedo sacarme de la cabeza una canción que sonaba en casa, justo antes de salir. No puedo parar de repetir ese estribillo en mi cabeza... "Balas de vodka contra mí mismo..."

"Yo vivía en un barrio en Madrid
Con cara de vieja
Tu apostabas que no iba a aguantar
Poniéndome fecha
Recuerdo los buzones vacíos en mi portal
Que no llegaba propaganda
Porque no había para comprar
Me ponías terrones de blues
Y algunas cervezas
Sonreías como si tal vez
Mereciera la pena
Salíamos a las ordenes que mandaba Mr. JB
Volvíamos rebuscando en la cartera los restos de ayer

Pero es que he visto tu sonrisa al entrar
Y no quisiera tener que disparar
Balas de vodka contra mi mismo
Balas de vodka para escapar

Paso un tiempo y todo se acabó
En aquellas calles
Donde de vez en cuando y sin querer
Se escucha tu nombre
Y cada vez que veo encendido el televisor
Recuerdo cuando decías que ibas a quemar el maldito cajón

Pero es que he visto tu sonrisa al entrar
Y no quisiera tener que disparar
Balas de vodka contra mi mismo
Balas de vodka para escapar

Y es que he visto tu sonrisa al entrar
Y no quisiera tener que disparar
Balas de vodka contra mi mismo
Balas de vodka para escapar..."

No estaba teniendo una buena temporada, y la verdad es que pareciera que algo intentara aplastarme, con un peso se hacía casi imposible de soportar.

Mi cabeza seguía, como en automático, repitiendo el estribillo:
"Pero es que he visto tu sonrisa al entrar
Y no quisiera tener que disparar
Balas de vodka contra mi mismo..."

Brúscamente, el sentimiento de futilidad, de inutilidad de hacer, o siquiera intentar nada, fue tan enorme que pareció que un enorme vacío surgiera en mitad de mi pecho, clavándome al suelo, y atrayendo todo sentimiento negativo que hubiera en mi memoria, casi haciendo que me detuviera en mitad de una plaza, y a la vez parecia que algo o algien tirara hacia arriba y hacia fuera, intentando extirparme de mi cuerpo. Desorientada, sin saber dónde estaba, ni a dónde estaba yendo... Y sin querer saberlo... Pues era inútil. Absolutamente inútil.

Conseguí no detenerme, pues todavía estaba la música sonando en mis oídos (bendito reproductor de mp3), y no parecía haber cambiado nada. Y sin embargo...
La sensación de abatimiento seguía ahí, pero mi mente parecía que iba unos pasos por delante de mí al andar, y un par de metros por encima... Y sin embargo...

Y sin embargo todo parecía haber cambiado.

[Gracias a Novocaine for the world porque ha sido el único sitio donde he encontrado la letra de la canción... ¡Y ya me ha costado encontrarla!]

miércoles, 22 de agosto de 2007

Sin Título

Se sentía traicionado. Abandonado. Profúndamente herido. Y sólo.

En Blanco.

Su amistad había durado décadas. Décadas hablándo con Ella. Conversando, riéndo juntos, incluso llorándo y contándole sus más íntimos pensamientos, deseos, dudas...
Consultándole cualquier decisión difícil. Desnudándose ante Ella.

Oh, por supuesto él no era el único que La tenía por confidente, y lo sabía. Pero no importaba. Ella escuchaba a todos por igual.
Las amigas de Ella eran las indiscretas, las casquivanas, las que se lo contaban todo a los demás, traicionando así las confidencias que le contaba a Ella.
Pero no lo hacían con malicia, y él lo sabía siempre. Le divertían esas coqueterías de Ellas con la gente. Incluso las esperaba con ánsia, para ver las reacciones de los demás.
A veces, esas mismas reacciones le decían a él mismo cómo solucionar algún problema, o le disipaban alguna duda.

Pero eso no había sucedido ésta vez. Ella y sus amigas le habían abandonado.
De repente.
Sin ningún aviso, advertencia, enfado previos... Nada.

En Blanco.

Otras veces, por medio de Ella y de Ellas, se había desnudado ante el mundo. Se sentía vergonzoso en su presencia, indefenso, debido a la falta de artificios sobre él.

Pero ésta vez era distinto.

Pareciera que hubieran terminado de vaciarle, de despojarle de todo y su carcasa ya no les interesara.

Se sentía más desnudo que nunca.
Incluso vacío de cosas que contar.

Le habían abandonado. Quién sabe si para siempre.

De repente.

En Blanco.



...


Días más tarde, alguien reparó en su ausencia.
Le encontraron en su escritorio, frente a una Página en Blanco.

Nadie averiguó nunca qué le había sucedido. Tenía la mente en Blanco y no sabía hacer nada. Sólo estaba tranquilo cuando tenía una Página en Blanco delante, y no podía hablar, ni entendía cuando le hablaban.
Las Palabras parecían haberle abandonado.
Pero así, aquel que Las había amado tanto como a Ella, provocó un aluvión de Palabras, de todos los géneros, viviendo en Ella y por Ellas.

Ya no más en Blanco.

viernes, 3 de febrero de 2006

Bosque en invierno

Hace poco viento a pesar del tiempo que es, pues las copas de los árboles son densas. Hayas y algún roble. Aunque también hay pinos y algún abeto. Hace sol, pero aun con todo hay que ir bien abrigado. El suelo, a estas alturas ya no cruje con las hojas, pues continúan su proceso de convertirse en humus y la humedad ambiente propia de la época unido al hecho de que las hojas conservan bien la humedad de la tierra logran que el proceso de descomposición continúe poco a poco pero sin demora. Aún queda algo verde, o al menos algunas plantas que aún efectúan la fotosíntesis. Veo algunas florecillas moradas a ras de tierra, de las de bulbo, muy esparcidas, pero que resaltan mucho sobre el lecho de hojas marrones, un poco más arriba en la cuesta, siguiendo el camino, veo algunos arbustos raquíticos, todavía verdes. De vez en cuando se ve algún corrillo de robellones a los pies de algún pino, algunos boletus, unas pocas negrillas y carreretas esparcidas aquí y allá... Excepto mis pasos, está todo muy silencioso, apenas se escucha ni siquiera el canto de algún pájaro. Algún esparvel perdido y algún picapinos. Quizás alguna picaraza y algún cuervo...
Llegando a una especie de claro, pues no es propiamente un claro, sino una zona en que un roble muy viejo tiene las ramas con apenas cuatro hojas muertas aún pegadas a ellas, cuya copa es muy ancha y se ha hecho un gran hueco en la cúpula de copas del resto de los árboles, deja pasar una mayor cantidad de rayos de sol, que caen directamente sobre la sábana de hojas muertas, formando extraños dibujos de sombras cuando el aire mueve las ramas, e iluminando el cuarteado tronco del anciano árbol, dejando al descubierto las heridas y estragos que el tiempo ha hecho en su ancho tronco.
A pesar de la fecha, no hay nieve. Hace muchos años que no hace el suficiente frío como para que nieve, incluso a esta altura. Nieva muy raramente y poco, y la nieve permanece durante muy poco tiempo. Como es un paraje protegido por colinas por varios lados, la temperatura suele permanecer constante, lo que no contribuye especialmente a conservar la nieve. Aunque al menos a ratos hace el suficiente frío como para que aquellas plantas que necesitan de heladas para germinar puedan hacerlo.
Insectos a estas alturas del año diríase que no quedan en el monte, lo que contribuye a que la sensación de silencio sea aún mayor.